Monday, September 9, 2013

RICARDO PEÑA (1896-1949)




POEMAS

Adónde

Adónde, qué las flores de tu cuerpo
el perfume que escancian y que recoge el alba?
Adónde tu sonrisa que va de labio en labio?

Como una luna muerta se abre tu mirada.
Y son tus manos, tímidas como dos golondrinas
que giran perdiéndose en el aire.



Albor de cielo y mar...

Albor de cielo y mar.

En la campiña
el mar -lebrel de espuma-
se enroscaba en mi pecho
salpicando de angustia
mis cabellos.
Las algas transparentes
bajo el agua arrastraban
sus músicas vivientes.
Oh, campo azul lunar

Mis sueños, qué delirio!
Velados por la niebla estelar?

Oh, míos, míos míos.




Aquella flor de luz inmarcesible...

Aquella flor de luz inmarcesible
recogida en su vuelo de armonía.

Sobre campo de nieve oscurecida
la sangre oculta de su rostro en llamas.

En la cumbre más alta, donde el aire
se prende y se entrega en cada rama.

Más pura que el azar y la agonía
de las absurdas noches que nos llaman.



Bebíamos el mar...

Bebíamos el mar
-licor ansiado
que el aire derramaba
por sus contornos claros
La tierra parecía un niño enamorado.

Se quemaba la luna en un bosque de olvido.

En un árbol
la naranja, ah, tan alta,
de una estrella nevada.

 


Blanca

Blanca, blanca, blanca la melodía
ardiendo de sus hojas.
Nació la tierra enferma.
Nació la luna con la sal del sueño.
Llovió el asombro de mis ojos.
Con el dolor la vida se filtraba.
Enloquccida ya entre mis manos.
Sola, sola, tán sólo sola.




Corría el aire puro...

Corría el aire puro
por mis cabellos negros.

Mi sueño blaríco era
un pétalo finísimo.

Un ópalo que el aire
besaba con delicia.

Qué bien que olían campo
el mar, la leve brisa.



En el jardín del cielo está tu nombre...

En el jardín del cielo está tu nombre
como el malva de luz de la mañana.
En el jardín del cielo, un ángel niño
jugando está con tu sonrisa, hermana.

Déjame que te llame, que me asombre
de verte aquí con tu delirio grana.
Blanco, como la luna de tu nombre
como el marfil de luz de la mañana.

Oh dulce niña, que del cielo vienes
a escrutar el dolor de tus hermanos,
y te deshojas en rosal y nieves,
en manantial de música divina.
Celeste coro de ángeles enanos
en torno de tu alma matutina.



En malva azul tendida niña...

En malva azul tendida niña,
geranio de ojos de gacela
sobre el cristal de la campiña.

La pierna corre por la arena
lebrel de espuma que despide
la nalga limpia azul morena.

Es negro el pelo que la encinta
desde la nuca hasta el ombligo
azul morena y verde en pinta.

Fulgor de aristas y querubes.
Jugando a solas con el sexo
se van sus ojos por las nubes.



Es un cristal tu cuerpo y su hermosura...

Es un cristal tu cuerpo y su hermosura,
en soledad mi alma la enamora.
Cuando más fría está, vibra más pura,
que si la toca el aire se evapora.

Herida en su tristeza el alma vuela
buscando la apariencia de otra fuente.
El silbo de la luz, la luz que anhela
para la oscura noche en que se miente.

Mas torna a tu presencia, mira el oro
que en sándalo transforma tus cabellos;
la gracia de arpa de tu fino lloro,

la púrpura amorosa que se vierte.
Y disuélvese mi alma en mil destellos
sobre la noche de tu dulce muerte.

 


La piel azul de tu sonrisa, el fuego...

La piel azul de tu sonrisa, el fuego
de cada estrella, de cada flor dorada.

Emerge el canto de tu cabellera.
Emerge el sueño y la voz perdida.

Pienso que todo lo que tú trajiste
no ha muerto todavía.

Está en la flor del aire. Está en la flor
del fuego.

Golfo de luz apenas perceptible.
Arca de sal apenas entreabierta.

Mas, cómo habría de morir
lo que nevó tu sombra,
lo que calló la angustia de tu Muerte?



Las flores de la noche se entreabren...

Las flores de la noche se entreabren
con sólo aproximarse tu hermosura.
Qué olor a jazmines en tu pecho.
Que de manos abiertas en el aire.

Como tú los despiertas van mis ojos
perfilando montañas, ríos, valles.

Quisiera ser el aire que destruye
tu cabel!era ardiente frente al alba.
El sueño de una noche, un copo de alas,
la transparente música del agua.

Quisiera ser aquello que acaricia
un instante no más tu carne pálida.

 


Máscara-niña, que se anima cuando...

Máscara-niña, que se anima cuando
la luz despierta la montaña.

No has muerto todavía.

Brillan tus ojos, tu cadáver arde.
Tu cabellera -espada que traspasa el aire.

No has muerto todavía.

Brillan tus ojos, tu cadáver arde.
Traspasan mi cerebro, fuego, grito, aire.

 


No sé qué dulzura vierte...

No sé qué dulzura vierte
tu soledad. Hay un eco
de rosas que nunca tuve
junto al rumor de tu pecho.

Es como el canto de un pájaro
que se recoge y en su vuelo
va despertando en el aire
lirios, cristales, luceros.

Sigo escuchando en tu pecho
no sé qué voz. Hoy el viento
es como un ángel que pasa
Con los labios entreabiertos.

 


Oh, blanca flor intacta...

Oh, blanca flor intacta.

Abierta y ya cerrada, Trasplantada
tan sólo por mi sueño.

Cómo, cuando alcanzarte?
Adónde enamorarte?

Qué puedes tú desear
hoy que vives el gozo de aquel cielo lejano?

Hoy que encierras las nieves invisibles
de tus canciones altas?



Qué sombra invisible es esa...

¿Qué sombra invisible es esa
donde tu rostro aparece,
abierta flor que en el aire
inmóvil está y se mueve?

¿Qué nuevo arroyo de sangre
abre sus márgenes breves,
donde tu pie, lirio grande,
hunde sus alas de nieve?

¿Dónde tu imagen se pierde
-niebla dispersa en mi frente-
y las venas de tus pechos
son más augustas que mieles?

Dónde tú y yo, sal de besos,
sorbemos la misma suerte:
tú, cual la sombra que nace,
yo, aquel arroyo que muere.




Sueño morir cada hora...

Sueño morir cada hora
frente al rumor de su frente.
Sueño que muere en mis labios
la luz de aquello que siente.

Mil lenguas cubren de oro
la soledad de su cuerpo.
Niños con alas de nieve
cubren su pecho por dentro.

Ángeles malvas recogen
su cabellera en mis labios.
Mi cuerpo, el suyo, asombrados
cual hilos de oro de un cántico.

Mi cuerpo, el suyo, enlazados
cual vivos troncos en llamas
que un viento azul agitaran,
caliente en mieles y nardos.



Tan sólo sonreíase...

Tan sólo sonreíase
cuando yo la miraba.
No me miraba nunca,
sólo yo la miraba.

Andaba lentamente
por las nacientes albas.
No me besaba nunca.
Sólo yo la besaba.

Hundíase en los bancos
de las nocturnas aguas.
No me inculpaba nunca.
Sólo yo la inculpaba.




Tu rostro, el mío ya desvanecidos...

Tu rostro, el mío ya desvanecidos.
Tu rostro, en mí ya entremezclados.
Tu rostro en cada hora, rostro
en cada olvido.

La perdición del cielo.

Aquella voz tan leve
donde la pena su sonrisa abre,
y es aquí el dolor lo único cierto.

De la isla del fuego pasaba a la del cielo.
De la isla del fuego a la del cielo,
sólo había una lágrima.

A la montaña pálida.
A la luna de agua.




Tu soledad y la mía no viven hoy en el mundo...

Tu soledad y la mía no viven hoy en el mundo
de insospechadas flores, de recónditos cielos?
Tu cuerpo sombra de agua,
no alienta un mundo nuevo?
Tu alto pecho helado, tu cuerpo, abierta planta
de animales nocturnos,
cual resplandor de humo,
cual corazón del alba y que descubre un pecho
dulcísimo de mi sombra?
Se acentúa el silencio y la angustia declina.

Una estela de cánticos se  eleva y expresa
cómo es de leve y pálida tu alma matutina.




Yo soy el fuego oscuro que penetra...

Yo soy el fuego oscuro que penetra
tu bosque de alas y esmaltados peces.
Yo soy la clara sombra proyectada
sobre tu sombra de silencio y muerte.

Soy la tierra que abraza tus rodillas,
la exaltación de tu garganta en llamas.

Oigo cantar, por dentro, el agua de oro
que corre entre los árboles; los pétalos
del aire en la espesura; el murmullo
de hogueras en un mar, raudo de miedos.
Oigo cantar las flores, y mis labios
respiran el perfume de sus alas,
enlazadas al silbo de tu muerte.

Thursday, August 1, 2013

OCTAVIO PAZ





PIERRE DE SOLEIL

un saule de cristal, un peuplier d'eau sombre,
un haut jet d'eau que le vent arque,
un arbre bien planté mais dansant,
un cheminement de rivière qui s'incurve,
avance, recule, fait un détour
et arrive toujours:
                              un cheminement calme
d'étoile ou de printemps sans hâte,
une eau aux paupières fermées
qui jaillit toute la nuit en prophéties,
unanime présence en houle,
vague après vague jusqu'à tout recouvrir,
verte souveraineté sans crépuscule
comme l'éblouissement des ailes
quand elles s'ouvrent dans le milieu du ciel,

un cheminement entre les épaisseurs
des jours futurs et du funeste
éclat du malheur comme un oiseau
pétrifiant la forêt par son chant
et les félicités imminentes
entre les branches qui s'évanouissent,
heures de lumière que grignotent déjà les oiseaux,
présages qui s'échappent de la main,

une présence comme un chant soudain,
comme le vent chantant dans l'incendie,
un regard qui retient en suspend
le monde avec ses mers et ses montagnes,
corps de lumière filtré par une agate,
jambes de lumière, ventre de lumière, baies,
roche solaire, corps couleur de nuage,
couleur du jour rapide qui bondit,
l'heure scintille et prend corps,
le monde, oui, il est visible par ton corps,
il est transparent grâce à ta transparence,

je vais entre des galeries de sons,
je flue entre les présences résonnantes,
je vais au travers les transparences comme un aveugle,
un reflet m'efface, je nais dans un autre,
ô forêt de piliers enchantés,
sous les arcs de la lumière je pénètre
les couloirs d'un automne diaphane,

je vais au travers ton corps comme par le monde,
ton ventre est une place ensoleillée,
tes seins sont deux églises où l'on célèbre
le sang et ses mystères parallèles,
mes regards te couvrent comme du lierre,
tu es une ville que la mer assiège,
une muraille que la lumière divise
en deux moitiés de couleur pêche,
un lieu de sel, de roches et d'oiseaux
sous la loi du midi ébahi,

vêtue par la couleur de mes désirs
comme ma pensée tu vas nue,
je vais au travers tes yeux comme par l'eau,
les tigres boivent le rêve de ces yeux,
le colibri se brûle dans ces flammes,
je vais au travers ton front comme par la lune,
comme le nuage au travers ta pensée,
je vais au travers ton ventre comme par tes rêves,

ta jupe de maïs ondule et chante,
ta jupe de cristal, ta jupe d'eau,
tes lèvres, tes cheveux, tes yeux,
toute la nuit tu es pluie, tout le jour
tu ouvres ma poitrine avec tes doigts d'eau,
tu fermes mes yeux avec ta bouche d'eau,
sur mes os tu es pluie, dans ma poitrine
un arbre liquide creuse des racines d'eau,

je vais au travers tes formes comme par un fleuve,
je vais au travers ton corps comme par une forêt,
comme par un sentier dans la montagne
qui se termine en un abîme abrupt
je vais au travers tes pensées effilées
et à la sortie de ton front blanc
mon ombre précipitée se brise,
je recueille mes fragments un à un
et je poursuis sans corps, je cherche à tâtons,

couloirs sans fin de la mémoire,
portes ouvertes vers un salon vide
où pourrissent tous les étés,
les bijoux de la soif brillent tout au fond,
visage évanoui dès que je me le remémore,
main qui s'effrite si je la touche,
cheveux d'araignées en tulmute
sur des sourires d'il y a tant d'années,

à la sortie de mon front je cherche,
je cherche sans trouver, je cherche un instant,
un visage d'éclair et d'orage
courant entre les arbres nocturnes,
visage de pluie dans un jardin d'obscurités,
eau tenace qui flue à mon côté,

je cherche sans trouver, j'écris en tête à tête
il n'y a personne, tombe le jour, tombe l'année,
je tombe dans l'instant, je tombe au fond,
invisible chemin sur des miroirs
qui répètent mon image brisée,
je marche depuis des jours, instants cheminés,
je marche sur les pensées de mon ombre,
je marche sur mon ombre en quête d'un instant,

je cherche une date vive comme l'oiseau,
je cherche le soleil dès cinq heures du soir
tempéré par les murs de brique rouge:
l'heure mûrissait ses grappes
quand elle s'ouvrait sortaient les jeunes filles
de son entraille rosée et elles s'éparpillaient
parmi les cours dallées du collège,
haute comme l'automne elle cheminait
enveloppée par la lumière sous l'arcade
et l'espace en l'entourant l'habillait
d'une peau plus dorée et transparente,

tigre couleur de lumière, cerf brun
dans les environs de la nuit,
j'ai entrevu une jeune fille penchée
sur les balcons verts de la pluie,
adolescent visage innombrable,
j'ai oublié ton nom, Mélusine,
Laure, Isabelle, Perséphone, Marie,
tu as tous les visages et aucun,
tu es toutes les heures et aucune,
tu ressembles à l'arbre et au nuage,
tu es tous les oiseaux et un astre,
tu ressembles au tranchant de l'épée
et à la coupe de sang du bourreau,
lierre qui avance, enveloppe et déracine
l'âme et la divise d'elle-même,

écriture de feu sur le jade,
crevasse dans la roche, reine des serpents,
colonne de vapeur, source dans le roc,
cirque lunaire, pic des aigles,
grain d'anis, épine minuscule
et mortelle qui donne des peines immortelles,
bergère des vallées sous-marines
et gardienne de la vallée des morts,
liane qui pend au bord du précipice,
plante grimpante, plante vénéneuse,
fleur de résurrection, raisin de vie,
dame de la flûte et de l'éclair,
terrasse du jasmin, sel dans la plaie,
bouquet de roses pour le fusillé,
neige en août, lune de l'échafaud,
écriture de la mer sur le basalte,
écriture du vent dans le désert,
testament du soleil, grenade, épi,

visage en flammes, visage dévoré,
adolescent visage persécuté
années fantômes, jours circulaires
qui donnent dans la même cour, sur le même mur,
l'instant brûle et ils sont un seul visage
les successifs visages de la flamme,
tous les noms sont un seul nom,
tous les visages sont un seul visage,
tous les siècles sont un seul instant
et pour des siècles et des siècles
une paire d'yeux ferme le passage au futur,

il n'y a rien face à moi, rien qu'un instant
racheté cette nuit, contre un rêve
d'union d'images rêvées,
durement sculpté contre le rêve,
arraché au rien de cette nuit,
à bout de bras, soulevé lettre à lettre,
tandis que le temps se jette dehors
et il cogne aux portes de mon âme
ce monde avec son horaire sanguinaire,

un instant, un instant seulement tandis que les villes,
les noms, les saveurs, le vécu,
s'effritent sur mon front aveugle,
tandis que la pesanteur de la nuit
humilie ma pensée et mon squelette,
et mon sang circule plus lentement
et mes dents se gâtent et mes yeux
s'embrument et les jours et les ans
accumulent leurs horreurs vides,

tandis que le temps ferme son éventail
et qu'il n'y a rien derrière ses images
l'instant s'abîme et surnage,
entouré de mort, menacé
par la nuit et son lugubre bâillement,
menacé par le brouhaha
de la mort vivace et masquée
l'instant s'abîme et se pénètre,
comme un poing qui se serre, comme un fruit
qui mûrit vers l'intérieur de lui-même
et lui-même se boit et se répand
l'instant translucide se ferme
et mûrit vers l'intérieur, pousse en racines,
croit à l'intérieur de moi, m'occupe entièrement,
son feuillage délirant m'expulse,
mes pensées seulement sont ses oiseaux,
son mercure circule par mes veines,
arbre mental, fruits saveur de temps,

ô vie à vivre et déjà vécue,
temps qui revient en une marée
et se retire sans tourner le visage,
ce qui s'est passé n'est pas mais commence à être
et silencieusement se jette
en un autre instant qui s'évanouit:

face au soir de salpêtre et de pierre
armée de couteaux invisibles
d'une rouge écriture indéchiffrable
tu écris sur ma peau et ces plaies
comme un vêtement de flammes me recouvrent,
je brûle sans me consumer, je cherche l'eau
et dans tes yeux il n'y a pas d'eau, ils sont de pierre,
et tes seins, ton ventre, tes hanches
sont de pierre, ta bouche a un goût de poussière,
ta bouche a un goût de temps empoisonné,
ton corps a un goût de puits condamné,
passage de miroirs que répètent
les yeux de l'assoiffé, passage
qui revient toujours à son point de départ,
et tu me conduis, aveugle, par la main
à travers ces galeries obstinées
jusqu'au centre du cercle et tu surgis
comme un éclat qui se fige en hache,
comme une lumière écorchée, fascinante
comme l'échafaud du condamné,
flexible comme le fouet et svelte
comme l'arme soeur de la lune,
et tes paroles tranchantes creusent
ma poitrine et me dépeuplent et me vident,
un à un, tu arraches mes souvenirs,
j'ai oublié mon nom, mes amis
grondent parmi les porcs ou pourrissent
mangés par le soleil dans un fossé,

il n'y a rien en moi qu'une large plaie,
un creux que jamais personne ne fouille,
présent sans fenêtres, pensée
qui revient, se répète, se reflète
et se perd dans sa propre transparence,
conscience transpercée par un oeil
qui se regarde se regarder jusqu'à se noyer
de clarté:
               moi j'ai vu ton atroce écaille,
Mélusine, briller, verdâtre, à l'aube,
tu dormais enroulée dans les draps
et au réveil tu as crié comme un oiseau
et tu es tombée sans fin, cassée et blanche,
rien n'est resté de toi, rien que ton cri
et à la fin des siècles je me découvre
avec de la toux et une mauvaise vue, mélangeant
de vieilles photos:
                         il n'y a personne, tu n'es personne,
une montagne de cendres et un balai,
un couteau ébréché et un plumeau,
une peau pendue à quelques os,
une grappe déjà sèche, un trou noir
et dans le fond du trou les deux yeux
d'une enfant noyée d'il y a mille ans,

regards enterrés dans un puits,
regards qui nous voient depuis le début des temps,
regard enfant de la mère vieille
qui voit dans le fils grand un père jeune,
regard mère de la fille solitaire
qui voit dans le père grand un fils enfant,
regards qui nous regardent depuis le fond
de la vie et sont les pièges de la mort
- où est l'envers: tomber dans ces yeux
est-ce revenir à la vie véritable?

tomber, revenir, me rêver et que me rêvent
d'autres yeux futurs, une autre vie,
d'autres nuages, mourir d'une autre mort!
- cette nuit me suffit, et cet instant
qui n'en finit pas de s'ouvrir et de me révéler
où j'étais, qui je fus, comment tu t'appelles,
comment moi je m'appelle:
                                  pouvais-je bâtir des plans
pour l'été -et tous les étés-
à Christopher Street, il y a dix ans,
avec Phyllis qui avait deux fossettes,
où les moineaux buvaient la lumière?,
sur la place de la Réforme Carmen me disait-elle
"l'air ne pèse rien, ici c'est toujours octobre"
ou l'aurait-elle dit à l'autre que j'ai perdu
ou l'aurais-je inventé et personne ne me l'a dit?,
aurais-je marché dans la nuit d'Oaxaca,
immense et vert foncé comme un arbre,
parlant seul comme le vent fou
et en arrivant à ma chambre -toujours une chambre-
les miroirs ne m'auraient-ils pas reconnu?
depuis l'hôtel Vernet nous avons vu l'aube
danser avec les châtaigners -"il est déjà très tard"
disais-tu en te peignant et moi, aurais-je vu
des taches sur le mur sans rien dire?,
sommes-nous montés ensemble à la tour, avons-nous vu
tomber le soir depuis le récif?,
avons-nous mangé des raisins à Bidart?, avons-nous acheté
des gardénias à Perote?,
                                  noms, places,
rues après rues, visages, marchés, rues,
gares, un parc de stationnement, chambres seules,
taches sur le mur, quelqu'un qui se peigne,
quelqu'un qui chante à mes côtés, quelqu'un qui s'habille,
chambres, endroits, rues, noms, chambres,

Madrid, 1937,
sur la Place de l'Ange les femmes
cousaient et chantaient avec leurs enfants,
et l'alarme sonna et fusèrent les cris,
les maisons s'agenouillaient dans la poussière,
tours fendues, fronts sculptés
et l'ouragan des moteurs, imagine:
les deux se dénudèrent et s'aimèrent
pour défendre notre portion d'éternité,
notre ration de temps et de paradis,
toucher notre racine et nous recouvrer,
recouvrer notre hérédité arrachée
par des voleurs de vie d'il y a mille siècles,
les deux se dénudèrent et s'embrassèrent
parce que les nudités enlacées
bondissent par-dessus le temps et sont invulnérables,
rien ne les touche, elles reviennent au commencement,
il n'y a pas de toi ni de moi, pas de demain, pas d'hier ni de noms,
la vérité des deux en un corps et une âme seulement,
ô être total...
                 chambres à la dérive
entre des villes qui vont à pic,
chambres et rues, noms comme des plaies
la chambre avec fenêtre donne vers d'autres chambres
avec le même papier décoloré
où un homme en chemise lit le journal
où repasse une femme, la chambre claire
que visitent les branches d'un pêcher;
l'autre chambre: dehors il pleut toujours
et il y a une cour et trois enfants oxydés
les chambres sont des vaisseaux qui se bercent
dans une baie de lumière; ou des sous-marins:
le silence s'espace en vagues vertes,
tout ce que nous touchons devient phosphorescent;
mausolées de luxe, déjà rongés
les portraits, déjà rongés les tapis;
trappes, cellules, cavernes enchantées,
volières et chambres numérotées,
tous se transfigurent, tous s'envolent,
chaque moulure est nuage, chaque porte
donne sur la mer, sur les champs, sur l'air, chaque table
est un festin; fermés comme des coquillages
le temps inutilement les assiège,
il n'y a pas de temps, non, ni de mur: l'espace, l'espace
ouvre sa main, choisis cette richesse,
coupe les fruits, mange une tranche de vie,
étends-toi au pied de l'arbre, bois l'eau!

tout se transfigure et devient sacré,
c'est le centre du monde en chaque chambre,
c'est la première nuit, le premier jour,
le monde naît quand deux s'embrassent,
goutte de lumière née des entrailles transparentes
la chambre comme un fruit s'entrouvre
ou explose comme un astre taciturne
et les lois rongées par les rats,
les grilles des banques et des prisons,
les grilles de papier, les fils de fer barbelés,
les timbres et les épines et les piquants,
le sermon monocorde des armes,
le scorpion mielleux avec un bonnet,
le tigre avec un haut de forme, président
du Club Végétarien et de la Croix Rouge,
l'âne pédagogue, le crocodile
devenu rédempteur, père des peuples,
le Chef, le requin, l'architecte
de l'avenir, le porc en uniforme,
le fils béni de l'Eglise
qui lave sa noire dentition
avec de l'eau bénite et prend des cours
d'anglais et de démocratie, les parois
invisibles, les masques pourris
qui divisent l'homme des hommes,
contre l'homme de lui-même,
                                          ils s'abattent
en un instant immense et nous entrapercevons
notre unité perdue, la détresse
d'être des humains, la gloire d'être des humains
et de partager le pain, le soleil, la mort,
l'oubli effrayant d'être des vivants;

aimer c'est combattre, si deux s'embrassent
le monde change, ils incarnent les désirs,
la pensée incarnée, des ailes poussent
au dos de l'esclave, le monde
est réel et tangible, le vin est vin,
le pain retrouve le goût du pain, l'eau est eau,
aimer c'est combattre, c'est ouvrir des portes,
c'est en finir enfin d'être fantôme avec un matricule
à perpétuité condamné aux chaînes
par un maître sans visage;
                                      le monde change
si deux se regardent et se reconnaissent,
aimer c'est se dénuder des noms:
³laisse-moi être ta putain² ,sont les mots
d'Héloïse, mais il céda aux lois,
la prit pour épouse et en prime
on finit par le castrer;
                                 mieux vaut le crime
les amants suicidés, l'inceste
des frères comme deux miroirs
amoureux de leur ressemblance,
mieux vaut manger le pain envenimé,
l'adultère dans des lits de cendre,
les amours féroces, le délire,
le lierre empoisonné, le sodomite
qui porte un oeillet à la boutonnière
un crachat, mieux vaut être lapidé
sur les places publiques que laisser se retourner la roue du destin
qui presse jusqu'à la pulpe la substance de la vie,
l'éternité se change en heures creuses,
les minutes en prisons, le temps
en monnaie de cuivre et en merde abstraite;

mieux vaut la chasteté, fleur invisible
qui se balance dans les tiges du silence,
ce difficile diamant des saints
qui filtre les désirs, rassasie le temps,
noces de la quiétude et du mouvement,
la solitude chante dans sa corolle,
chaque heure est un pétale de cristal,
le monde se dépouille de ses massacres
et en son centre, vibrante transparence,
celui qu'on nomme Dieu, l'être sans nom,
se contemple dans le rien, l'être sans visage
émerge de lui-même, soleil d'entre les soleils,
plénitude d'entre les présences et les noms;

je poursuis mes divagations, chambres, rues,
je marche à tâtons au travers les couloirs
du temps et je gravis et descends ses marches
et ses murs, je tâtonne et ne bouge pas,
je reviens d'où j'ai commencé, je cherche ton visage,
je marche au travers les rues de moi-même
sous un soleil sans âge, et toi à mes côtés
tu marches comme un arbre, comme un fleuve
tu marches et me parles comme un fleuve,
tu croîs comme un épi entre mes mains,
tu frémis comme un écureuil entre mes mains,
tu voles comme mille oiseaux, ton rire
m'a couvert de mousse, ta tête
est un astre si petit entre mes mains,
le monde reverdit si tu souris
en mangeant une orange,
                                      le monde change
si deux, vertigineux et enlacés,
tombent dans l'herbe: le ciel descend,
les arbres s'élancent, l'espace
seul est lumière et silence, seul l'espace
s'ouvre dans la pupille de l'oeil,
passe la blanche tribu des nuages,
le corps rompt les amarres, l'âme s'élance,
nous perdons nos noms et flottons
à la dérive entre le bleu et le vert,
temps total où rien ne se passe
rien que son propre passage heureux,

rien ne se passe, tu te tais, tu cilles des paupières
(silence: un ange a traversé cet instant
grand comme la vie de cent soleils),
rien ne se passe, seulement ce cillement?
- et le festin, le désert, le premier crime,
la mâchoire de l'âne, le bruit opaque
et le regard incrédule du mort
en tombant dans la surface cendrée,
Agamemnon et son beuglement immense
et le cri répété de Cassandre
plus fort que les cris des vagues,
Socrate enchaîné (le soleil naît, mourir
est se réveiller: ³Criton, un coq
pour Esculape, et me voilà guérit à vie²);
le chacal qui déserta entre les ruines
de Ninive, l'ombre qui vit Brutus
avant la bataille, Moctezuma
dans le lit d'épines de son insomnie,
le voyage dans la grande route vers la mort
- le voyage interminable, mais raconté
par Robespierre minute après minute,
sa mâchoire cassée entre les mains -,
Churruca dans sa barrique telle un trône
écarlate, les pas déjà comptés
de Lincoln en sortant au théâtre,
le rôle de Trotski et ses gémissements
de sanglier, Madère et son regard
auquel nul n'a répondu: pourquoi me tuent-ils?,
les injures, les soupirs, les silences
du criminel, le saint, le pauvre diable,
cimetière de phrases et d'anecdotes
que les chiens rhétoriques fouillent,
l'animal qui meurt et le sait,
savoir commun, inutile, bruit obscur
de la pierre qui tombe, le son monotone
des os brisés dans le combat
et la bouche d'écume du prophète
et son cri et le cri du bourreau
et le cri de la victime...
                                 ce sont des flammes
les yeux et ce sont des flammes ce qu'ils regardent,
flamme est l'oreille, le son est flamme,
braise les lèvres et tison la langue,
le toucher et ce qu'il touche, la pensée,
et le pensé, flamme est celui qui pense
tout se consume, l'univers est flamme
il brûle ce même rien qui n'est pas rien
sinon un penser en flammes, enfin la fumée:
il n'y a ni bourreau ni victime...
                                          et le bruit
dans le soir du vendredi? et le silence
qui se couvre de signes, le silence
qui dit sans dire, il ne dit rien?,
ils ne sont rien les cris des hommes?,
il ne se passe rien quand passe le temps?,

- il ne se passe rien, seul un cillement
de soleil, un mouvement à peine, rien,
il n'y a pas de rédemption, il ne revient pas en arrière le temps,
les morts restent figés dans leur mort
et ne peuvent mourir d'une autre mort,
intouchables, cloués en leur geste,
depuis leur solitude, depuis leur mort
sans sursis ils nous regardent sans nous regarder,
leur mort c'est la statue de leur vie,
un toujours être déjà rien pour toujours,
chaque minute est rien pour toujours,
un roi fantôme régit ses battements de coeur
et ton geste final, ton dur masque
moulé sur ton visage changeant:
nous sommes le monument d'une vie
étrangère et non vécue, à peine notre

-la vie, quand fut-elle réellement notre?
quand sommes-nous réellement ce que nous sommes?
nous ne sommes jamais bien regardés, jamais nous ne sommes
en tête à tête sinon vertige et vide,
grimaces dans le miroir, horreur et vomissure,
jamais la vie est nôtre, elle est aux autres,
la vie n'est à personne, nous sommes tous
la vie -pain de soleil pour les autres,
je suis autre quand je suis, mes actes
sont davantage miens s'ils sont aussi à tous,
pour que je puisse être il me faut être autre,
sortir de moi, me chercher parmi les autres,
les autres qui ne sont pas si moi je n'existe pas,
les autres qui me donnent pleine existence,
je ne suis pas, il n'y a pas de je, toujours nous sommes autres,
la vie est autre, toujours ailleurs, très loin,
hors de toi, de moi, toujours à l'horizon,
vie qui nous dévit et nous aliène,
vie qui nous invente un visage et le pourrit,
faim d'être, ô mort, pain de tous,

Héloïse, Perséphone, Marie,
montre enfin ton visage pour que je voie
ma véritable figure, celle de l'autre,
ma figure de ce nous pour toujours à tous,
figure d'arbre et de boulanger,
de chauffeur et de nuage et de marin,
figure de soleil et de ruisseau et de Pierre et Paul,
figure de solitaire collectif,
réveille-moi, oui, je nais:
                                      vie et mort
signent un pacte en toi, dame de la nuit,
tour de clarté, reine de l'aube,
vierge lunaire, mère de l'eau mère,
corps du monde, maison de la mort,
je tombe sans fin depuis ma naissance,
je tombe dans moi-même sans toucher mon fond,
recueille-moi dans tes yeux, assemble la poussière
dispersée et réconcilie mes cendres,
attache mes os divisés, souffle
sur mon être, enterre-moi dans ta terre,
ton silence de paix vers la pensée
contre elle-même aérée;
                                      ouvre la main,
dame des moissons que sont les jours,
le jour est immortel, il s'élève, croît,
vient de naître et ne cesse jamais,
chaque jour est à naître, chaque lever de jour
est une naissance et je me réveille,
nous nous réveillons tous, il se lève
le soleil figure de soleil, Jean se réveille
avec sa figure de Jean figure de tous,
porte de l'être, réveille-moi, lève-toi,
laisse-moi voir le visage de ce jour,
laisse-moi voir le visage de cette nuit,
tout communie et se transfigure,
arc de sang, pont des battements de coeur,
emmène-moi de l'autre côté de cette nuit,
là où je suis toi nous sommes nous-mêmes,
au rein des prénoms enlacés,

porte de l'être; ouvre ton être, réveille-toi,
apprends à être aussi, moule ta figure,
travaille tes traits, sois un visage
pour regarder mon visage et qu'il te regarde,
pour regarder la vie jusque dans la mort,
visage de mer, de pain, de roche et de fontaine,
source qui dissout nos visages
dans le visage sans nom, dans l'être sans visage,
indicible présence d'entre les présences...

je veux poursuivre, aller plus loin, et je ne peux pas:
l'instant se précipite en un autre et un autre,
j'ai dormi des rêves de pierre que je n'ai pas rêvé
et à la fin des ans comme des pierres
j'ai entendu chanter mon sang emprisonné,
avec une rumeur de lumière la mer chantait,
une à une cédaient les murailles,
toutes les portes se démolissaient
et le soleil entrait en trombe par mon front,
décillait mes paupières fermées,
décollait mon être de son enveloppe,
m'arrachait à moi, me séparait
de mon sommeil rude de siècles de pierre
et sa magie de miroirs revivait
un saule de cristal, un peuplier d'eau sombre,
un haut jet d'eau que le vent arque,
un arbre bien planté mais dansant,
un cheminement de fleuve qui s'incurve,
avance, recule, fait un détour
et arrive toujours:

4 EHÉCATL

Mexique, 1957



Μετάφραση: Juliette Schweisgut.

Friday, July 26, 2013

FRANCISCO VILLAESPESA (1877-1936)




SONETOS


EN LA PENUMBRA

¡La hora confidencial!... Entre banales
palabras, toda entera, te respiro
como un perfume, y en tus ojos miro
desnudarse tu espíritu. ..Hay fatales

silencios... Se oscurecen los cristales;
y se esfuma la luz en un suspiro,
temblando sobre el pálido zafiro
que azula entre tus manos imperiales.

Las tinieblas palpitan... Andan miedos
descalzos por las sedas de la alfombra,
mientras que, presintiendo tus hechizos,

naufraga la blancura de mis dedos
en la profunda y ondulante sombra
del mar tempestuoso de tus rizos.


MI VIDA ES EL SILENCIO DE UNA ESPERA…

Mi vida es el silencio de una espera…
Se escapa de mis ojos la mirada,
ansiando contemplar la sombra amada
que en otros tiempos a mi lado viera.

La mano palpa, cual si presintiera
negrear en la atmósfera callada
la seda tibia de su destrenzada,
profusa y olorosa cabellera.

Mi oído de impaciencia se estremece,
un olor a algo suyo el viento exhala…
-¿Estás ya aquí? -le digo, y me parece

que «Aquí estoy», dulcemente, me contesta
aquella voz que pasa como un ala
rozando fugitiva la floresta.


SARA ES VICIOSA. SU PUPILA OSCURA…

Sara es viciosa. Su pupila oscura
de incitantes promesas es venero…
Bebe como un tudesco, y fuma y jura
con el canalla argot de un marinero.

Su placer es violento. Besa, muerde
y grita, y al final de la batalla,
muere su voz y hasta la vista pierde
y en nerviosos ataques se desmaya.

¡Oh, jilguero embriagado de alegría,
nadie te vio llorar!… ¡Tan sólo un día
furtivo llanto se asomó a tus ojos

y tu mirada se perdió en el cielo,
viendo dos hilos de tu sangre rojos
temblando en la blancura de un pañuelo!…


LA SABIA MANO A CUYO TACTO ARDIENTE…

La sabia mano a cuyo tacto ardiente
vibra la carne como un instrumento,
prolongó la agonía del momento
en una languidez intermitente…

¡Oh, el cálido contacto de tu frente!
¡Oh, tu dorso desnudo y opulento
echado sobre mí, como un sediento
sobre la superficie de una fuente!

Mis besos perfumaron el vacío
de un húmedo y mortal escalofrío…
¡Y bajo tu melena estremecida

en un áureo manojo de serpientes,
sentí sangrar y sucumbir mi vida,
entre el canibalismo de tus dientes!


EL POEMA DE LA CARNE

Cuando me dices: Soy tuya,
tu voz es miel y es aroma,
es igual que una paloma
torcaz que a su macho arrulla.

Sobre mi mano dormida
de tu nuca siento el peso,
mientras te sorbo en un beso
todo el fuego de la vida.

Cuando ciega y suspirante
tu cuerpo recorre una
convulsión agonizante,

adquiere tu faz inerte
bajo el blancor de la luna
la palidez de la Muerte.


CONVALECENCIA

¡Qué suavidad, qué suavidad de raso,
qué acariciar de plumas en el viento;
en terciopelos se apagó mi paso
y en remansos de seda el pensamiento!

Todo impreciso es como en un cuento,
se desborda en silencio como un vaso,
y en esta tibia languidez de ocaso
desfallecer hasta morir me siento.

Como un panal disuélvome en dulzura,
desfallezco de todo: de ternura,
de claridad, del éxtasis de verte…

Y todo tan lejano, tan lejano…
En este atardecer tu frágil mano
pudiera con un lirio darme muerte…


LA SOMBRA

¡Remansos del crepúsculo! Lejanos
amores de una copla campesina...
De los cielos desciende una divina
paz, sobre el sueño de los verdes llanos.

Vuelven a perfumar los sueños vanos,
y yo no sé qué angustia nos domina,
que se cierran los ojos, y se inclina
la frente, pensativa, entre las manos.

Por el azul magnífico del cielo,
sobre la frente que el dolor abrasa
y en las manos se apoya dolorida,

tiembla la sombra rápida de un vuelo...
-¡Esa sombra, mortal, que rauda pasa,
es la fugaz imagen de tu vida!


LA SOMBRA DE BEATRIZ

El crepúsculo está lleno de aromas,
de campanas de plata y de cantares...
Zumban abejas en los azahares.
Baja un temblor de esquilas por las lomas.

El aire sabe a miel de abiertas pomas,
y al tornar a sus blancos palomares
proyectan en los verdes olivares
sus sombras fugitivas las palomas.

Yo sueño con tu amor... Una infinita
dulzura sube del florido huerto...
¿Por qué el ensueño de una margarita,

hoja tras hoja mi saudade arranca,
si en la penumbra del balcón abierto
falta esta tarde tu silueta blanca?


JUNTO AL MAR

Todo en silencio está. Bajo la parra
yace el lebrel por el calor rendido.
Torna a la flor la abeja, el ave al nido,
y a dormir nos invita la cigarra.

La madreselva que al balcón se agarra,
vierte como un suave olor a olvido;
y a lo lejos escúchase el quejido
de una pena andaluza, en la guitarra.

Del mar de espigas en las áureas olas
fingen las encendidas amapolas
corazones de llamas rodeados...

¡Y el sudor, con sus gotas crepitantes,
ciñe a tus bucles, como el sol dorados,
una regia corona de diamantes!


ENSUEÑO DE OPIO

Es otra señorita de Maupin. Es viciosa
y frágil como aquella imagen del placer,
que en la elegancia rítmica de su sonora prosa
nos dibujó la pluma de Theófilo Gautier.

Sus rojos labios sáficos, sensitivos y ambiguos,
a la par piden besos de hombre y de mujer,
sintiendo las nostalgias de los faunos antiguos
cuyos labios sabían alargar el placer.

Ama los goces sádicos. Se inyecta de morfina;
pincha a su gata blanca. El éter la fascina,
y el opio le produce un ensueño oriental.

De súbito su cuerpo de amor vibra y se inflama
al ver, entre los juncos, temblar como una llama
la lengua roja y móvil de algún tigre real.


EL JARDÍN DE LINDARAJA

De la tarde de octubre bajo la luz gloriosa,
en la fuente de mármol que el arrayán orilla,
diluyen los cipreses su esmeralda herrumbrosa
y la arcada del fondo su tristeza amarilla.

Rosales y naranjos. ..Mustio el jardín reposa
en un verdor que el oro del otoño apolilla...
¡Sólo, a veces, se enciende la llama de una rosa,
o el oro polvoriento de una naranja brillaI

Mas, dentro de este otoño, hay tanta primavera
en gérmenes; y es todo tan dulce y apacible,
que antes de abandonarlo, mi corazón quisiera,
oyendo el melodioso suspirar de la fuente
y soñando con una Lindaraja imposible,
sobre este viejo banco dormir eternamente...


A LA FORTUNA

Cuatro muros de cal, libros, y una
ventana al campo, y en la lejanía
las montañas o el mar, y la alegría
del sol, y la tristeza de la luna:

eso a mi eterna laxitud moruna,
para vivir en paz le bastaría...
¡Bien poco es lo que pides, alma mía,
pero menos te ha dado la Fortuna!

Échate, alma, a recordar... ¡Infancia
sin madre, adolescencia sin amores,
juventud sin placer!... ¡Así has vivido!...

¡Y ahora, un caduco otoño sin fragancia,
un pálido luar sin ruiseñores,
y un amor imposible sin olvido!


EL RELOJ

Tardes de Paz... Monotonía
de lluvia en las vidrieras...
Se extingue el humo gris del día...
¿En dónde están mis primaveras?

La lluvia es una fantasía,
de misteriosas encajeras...
Tú, que tejiste mi alegría,
¿tras qué cristal mi vuelta esperas...?

Lentas deslízanse en la alfombra
las tocas negras de la sombra;
viuda que no falta a la cita...

Igual que un pecho adormecido
el reloj tímido palpita...
¡Oh juventud! ¿Dónde te has ido...?


LO QUE PASA

¡Felicidad!... ¡Felicidad!... Dulzura
del labio y paz del alma... Te he buscado
sin tregua, eternamente, en la hermosura,
en el amor y el arte...  ¡Y no te he halladoI

En vano, el alma, sin cesar te nombra...
¡Oh luz lejana, y por lejana, bellaI...
¡Jamás la mano alcanzará la estrellaI...
¿Pasaste sobre mí, como una sombra?

¿En brazos de qué amor has sido mía?..
¿No he besado tus labios todavía?...
¿Los besaré, Señor?... Sobre mi oído

murmura alguna voz, remota y triste :
-Pasó por tu jardín... y no la viste...
¡y ya, sin conocerla, la has perdido!


VORREI MORIRE

Por no sé qué refinamiento oscuro
que goza al prometer lo que nos veda,
en ti, es el cuerpo lo único que queda
perversamente inmarcesible y puro.

Pones freno al ardor y al ansia muro,
para que nunca Amor devorar pueda
la áurea pulpa que esconde, bajo seda,
todas las mieles de un pomar maduro.

Me miras en las pausas de un suspiro;
y en el ligero y transparente halago
del húmedo mirar en que te pierdes,

toda tu alma desnudarse miro,
como una ninfa ante el cristal de un lago,
en el remanso de tus ojos verdes.


VASO ESPIRITUAL

Por no sé qué refinamiento oscuro
que goza al prometer lo que nos veda,
en ti, es el cuerpo lo único que queda
perversamente inmarcesible y puro.

Pones freno al ardor y al ansia muro,
para que nunca Amor devorar pueda
la áurea pulpa que esconde, bajo seda,
todas las mieles de un pomar maduro.

Me miras en las pausas de un suspiro;
y en el ligero y transparente halago
del húmedo mirar en que te pierdes,

toda tu alma desnudarse miro,
como una ninfa ante el cristal de un lago,
en el remanso de tus ojos verdes.


TARANTELA

Nocturno azul y plata... Sobre el clave
se esfuma el oro de la tarantela;
y el alma, en nuestra voz, se aterciopela
para hacer su caricia más suave.

El aire a besos y a ternura sabe,
y en el luar que en el jardín riela,
las pupilas del ángel que nos vela
de luz enjoyan el silencio grave.

La música se va... Tan sólo queda
un perfume fugaz a carne y seda...
¿Quién tus encantos desnudó a la brisa?...

Ante tu albor ni a respirar me atrevo,
y gota a gota, hasta embriagarme, bebo
todo el amor del mundo en tu sonrisa!


SONETO

Quedó en mis manos un jirón de encaje;
te escapaste de mí como una sombra,
mas al huir, se te enredó el ropaje
y rodaste de espaldas por la alfombra.

Te curvé bajo el yugo de mis brazos,
y de mis dientes la caricia ruda
rasgó cendales y deshizo lazos,
hasta dejar tu castidad desnuda.

Y allí, sobre la alfombra, entrelazados,
las sombras como hiedras agitadas,
nuestras bocas rampantes y lascivas.

confundidos en un bárbaro grito,
resucitamos el antiguo mito
del amor, en las selvas primitivas.


PUREZA DE JAZMINES

¡Jazminero, tan frágil y tan leve
que bastara con un soplo de aliento
para que disipases en el viento
tu intacta castidad de plata y nieve!...

Tu pureza me evoca aquella breve
mano de espumas y de encantamiento,
que ni siquiera con el pensamiento
mi corazón a acariciar se atreve.

Con su blancura a tu blancura iguala;
con tus piedades sus piedades glosas...
Como tú, tiene el corazón florido;

y, también como tú, también exhala
sobre el eterno ensueño de las cosas
un perfume de amor, luna y olvido.


NOCTURNO DE PLATA

Cruzas por mis recuerdos como un rayo de luna
que lo ilumina todo de una blanca poesía...
El ruiseñor cantaba su amor. Colgaba una
fina escala de seda desde tu celosía.

Era la noche un río cristalino y sonoro,
que arrastraba en sus ondas, hacia la Eternidad,
nuestro amor como una carabela de oro,
palpitantes las velas bajo la tempestad.

Entre un deshojamiento de románticas rosas
de luz, juntos surcamos Venecias fabulosas,
en un olvido eterno de todo... Tu laúd

desgranaba en la noche su inmortal serenata...
¡Y al pie de la marmórea y altiva escalinata
nos esperaba el paje de nuestra Juventud!


YO SÉ QUE LA ESPERANZA ESTÁ VIVA

Yo sé que la esperanza está viva, y que dentro
del corazón su lámpara dulcemente ilumina;
¡mas ya sin entusiasmos y sin fuerzas me encuentro
para arrancarle nuevos tesoros a la mina!...

En el jardín, a veces, de mis recuerdos entro
y encanezco de angustia mirando tanta ruina...
¡Cipreses y naranjos marchitos, y en el centro
una fuente que nunca de Sollozar termina!...

Yo sé que Lindaraja con sus besos pudiera
dar a mi otoño un nuevo frescor de primavera...
Pero está tan remota, ¡y es tan largo el sendero!...

¡Y me encuentro tan pobre, tan triste y tan rendido,
que a buscarla de nuevo por la vida, prefiero
soñar eternamente que jamás ha existido!...


ADIÓS A CUBA

Con ternuras de madre y piedades de hermana
me ofreciste un oasis de paz en esta guerra,
por eso al alejarse la errante caravana,
tu recuerdo en el fondo del corazón encierra;

y con él las tristezas de su otoño engalana...
Pupila que la muerte sin mirarte se cierra
no sabrá qué es belleza, porque tú eres, Habana,
la ciudad más hermosa que floreció en la tierra.

¡En mi adiós, como ofrenda, te dejo el alma mía!...
¡Que los dioses te amparen, ciudad de encantamiento,
y que siempre contemple la pupila viajera

sobre el maravilloso cristal de tu bahía
fulgurar ondulante a la gloria del viento
la estrella solitaria que brilla en tu bandera!...


LOS JARDINES DE AFRODITA

I

El ritmo, el gran rebelde, me rinde vasallaje,
y cuando quiero ríe, y cuando quiero vuela,
y he domado a mi estilo como a un potro salvaje,
a veces con el látigo y a veces con la espuela.

Conozco los secretos del alma del paisaje,
y sé lo que entristece, y sé lo que consuela,
y el viento traicionero y el bárbaro oleaje
conocen la invencible firmeza de mi vela.

Amo los lirios místicos y las rosas carnales,
la luz y las tinieblas, la pena y la alegría,
los ayes de las víctimas y los himnos triunfales.

Y es el eterno y único ensueño de mi estilo
la encarnación del alma cristiana de María
en el mármol pagano de la Venus de Milo.


II

Te vi muerta en la luna de un espejo encantado.
Has sido en todos tiempos Elena y Margarita.
En tu rostro florecen las rosas de Afrodita
y en tu seno las blancas magnolias del pecado.

Por ti mares de sangre los hombres han llorado.
El fuego de tus ojos al sacrilegio incita,
y la eterna sonrisa de tu boca maldita
de pálidos suicidas el infierno ha poblado.

¡Oh, encanto irresistible de la eterna Lujuria!
Tienes cuerpo de Ángel y corazón de Furia,
y el áspid, en tus besos, su ponzoña destila...

Yo evoco tus amores en medio de mi pena...
¡Sansón, agonizante, se acuerda de Dalila,
y Cristo, en el Calvario, recuerda a Magdalena!


III

Hay rosas que se abren en selvas misteriosas
y mustias languidecen, nostálgicas de amores,
sin que haya quien aspire sus púdicos olores...
¡Hay almas que agonizan lo mismo que esas rosas!

Las mariposas tienden sus alas temblorosas
y en alegría loca de luces y colores,
ebrias de amor expiran en tálamos de flores...
¡Hay vidas que se acaban como esas mariposas!

'¡Oh, púdicas vestales! ¡Oh, locas meretrices!
¿Quiénes son más hermosas? ¿Quiénes son más felices?'
los hombres preguntaron, en una edad lejana,

a un Fauno que en las frondas oculto sonreía...
Hace ya muchos siglos... Y en la conciencia humana
el Fauno, a esa pregunta, sonríe todavía.


IV

Soy un alma pagana. Adoro al dios bifronte
y persigo a las ninfas por las verdes florestas,
y me gusta embriagarme en mis líricas fiestas
con vino de las viñas del viejo Anacreonte.

¡Que incendie un sol de púrpura de nuevo el horizonte;
que canten las cigarras en las cálidas siestas,
y que dancen las vírgenes al son del sistro expuestas
al violador abrazo de los faunos del monte!

¡Oh, viejo Pan lascivo!... Yo sigo la armonía
de tus pies, cuando danzas. Por ti amo la alegría
y las desnudas ninfas persigo por el prado.

Tus alegres canciones disipan mi tristeza,
y la flauta de caña que tañes me ha iniciado
en todos los misterios de la eterna Belleza!


V

El cisne se acercó. Trémula Leda
la mano hunde en la nieve del plumaje,
y se adormece el alma del paisaje
de un rojo crepúsculo de seda.

La onda azul, al morir, suspira queda;
gorjea un ruiseñor entre el ramaje,
y un toro, ebrio de amor, muge salvaje
en la sombra nupcial de la arboleda.

Tendió el cisne la curva de su cuello,
y con el ala -cándido abanico-,
acarició los senos y el cabello.

Leda dio un grito y se quedó extasiada...
y el cisne levantó, rojo, su pico
como triunfal insignia ensangrentada.


VI

De la Grecia y de Italia bajo los claros cielos
en tu honor se entonaron los más dulces cantares,
y ofrecieron las vírgenes al pie de tus altares
las tórtolas más blancas y sus más ricos velos.

Hoy triste y solitaria, en el parque sombrío,
carcomida y musgosa, los brazos mutilados,
bajo la pesadumbre de los cielos nublados
el mármol de tu carne se estremece de frío.

¿Dónde se alzan ahora tus templos, Afrodita?
Ya la Pánica flauta en los bosques no invita
a danzar a los sátiros danzas voluptuosas.

Ha huido la Alegría, ha muerto la Belleza...
No hay risas en los labios y una inmensa tristeza
cubre como un sudario las almas y las cosas.


VII

Enferma de nostalgias, la ardiente cortesana,
al rojizo crepúsculo que incendia el aposento,
su anhelo lanza al aire, como un halcón hambriento,
tras la ideal paloma de una Thule lejana.

Sueña con las ergástulas de la Roma pagana;
cruzar desnuda el Coso, la cabellera al viento,
y embriagarse de amores en el Circo sangriento
con el vino purpúreo de la vendimia humana.

Sueña... Un león celoso veloz salta a la arena,
ensangrentando el oro de su rubia melena.
Abre las rojas fauces... A la bacante mira,

salta sobre sus pechos, a su cuerpo se abraza...
¡Y ella, mientras la fiera sus carnes despedaza,
los párpados entorna y sonriendo expira!


VIII

Para escanciar el vino de mi viña temprana,
Fidias, divino artífice, en marfil y oro puro
modeló fina copa, sobre el más blanco y duro
seno que sorprendiera jamás pupila humana.

Son dos ninfas en arco las asas de esa copa,
y en ella están grabados, entre vides y flores
y sátiros que acechan, los lúbricos amores
de Leda con el Cisne, y el Toro con Europa.

Amada, ¡bebe y bésame! Al destino no temas,
que al borde de la copa rebosante de gemas,
cinceló Anacreonte estos versos divinos

cuyo ritmo el secreto de la existencia encierra:
-Bebe, ama y alégrate mientras sobre la tierra
haya labios de rosas y perfumados vinos.


IX

Con el fervor de un lapidario antiguo,
quiero miniar a solas y en secreto,
la tentación de tu perfil ambiguo
en las catorce gemas de un soneto.

Para nimbar tu tez blanca y severa,
a modo griego, cual real tesoro,
recogerá tu negra cabellera
sobre la nuca un alfiler de oro.

En líneas escultóricas plegada
la túnica e inmóvil la mirada
con la clásica unción de las flautistas...

La siringa en el labio, y temblorosos
sobre el registro, en gestos armoniosos,
tus dedos enjoyados de amatistas.


X

Para cantar mi mente quiero un verso pagano;
un verso que refleje la cándida tristeza
del azahar, que, trémulo, deshoja su pureza
a las blancas caricias de una tímida mano.

No amortajad mi cuerpo con el sayal cristiano;
ceñid de rosas blancas mi juvenil cabeza,
y prestadme un sudario digno por su riqueza
de envolver a un fastuoso emperador romano.

¡Que abra la cruz sus brazos en negra catacumba!
Yo amo al sol, luz y vida, y quiero que en mi tumba
brotes, cual dulces versos, las más fragantes flores.

Y que al son de la flauta y del sistro, en la quieta
tarde, las locas vírgenes tejan danzas de amores
en torno de la estatua de su muerto poeta.


XI

Llueve... En el viejo bosque de ramaje amarillo
y grises troncos húmedos, que apenas mueve el viento,
bajo una encina, un sátiro de rostro macilento,
canciones otoñales silba en su caramillo.

De vejez muere... Cruzan por sus ojos sin brillo
las sombras fugitivas de algún presentimiento,
y entre los dedos débiles el rústico instrumento
sigue llorando un aire monótono y sencillo.

Es una triste música, vieja canción que evoca
aquel beso primero que arrebató a la boca
de una ninfa, en el claro del bosque sorprendida.

Su cuerpo vacilante se rinde bajo el peso
de la Muerte, y el último suspiro de su vida
tiembla en el caramillo como si fuese un beso.


XII

¡Alma mía! Soñemos con la estación florida.
Abril, lleno de rosas, a nuestro encuentro avanza...
El Arte será el último refugio de la Vida
cuando ya no tengamos ni en la Vida esperanza.

No aceptes de otras manos lo que yo pueda darte.
Siembra en tu propia tierra tus futuros laureles...
¡Haz de tus penas mármoles y de tu amor cinceles,
para elevar con ellos un monumento al Arte!

Teje nuestro sudario de mirtos y de flores.
Labremos un sarcófago digno por su riqueza
de encerrar las cenizas de los emperadores.

Y cincela en su lápida nuestra última elegía:
-Aquí yacen dos almas que han muerto de tristeza
llorando las nostalgias de su eterna alegría.


AUTRRETRATO

Por la espaciosa frente pálida y pensativa,
desciende la melena en dos rizos iguales.
Negros ojos miopes, gruesa nariz lasciva,
la faz oval y fina, los labios sensuales.

Sobre el flexible cuerpo, perturban la negrura
del enlutado traje que su dolor retrata,
el d'annunziano cuello con su nívea blancura
y con manchas sangrientas la flotante corbata.

Apura un cigarrillo Kedive, reclinado
en un diván oscuro, y entre el humo azulado
del tabaco, sus ojos contemplan con amor

el azul de las venas sobre las manos finas,
dignas de rasgar velos de princesas latinas
y ceñir el anillo del Santo Pescador.


ΜΙΧΑΛΗΣ ΚΑΤΣΑΡΟΣ



ΟΡΟΠΕΔΙΟ

   Μένει να ξαναβρούμε τη ζωή μας, τώρα που δεν έχουμε
   πια τίποτα. Φαντάζομαι, εκείνος που θα ξαναβρεί τη ζωή,
   έξω από τόσα χαρτιά, τόσα συναισθήματα, τόσες
   διαμάχες και τόσες διδασκαλίες θα είναι κάποιος
   σαν εμάς μόνο λιγάκι πιο σκληρός στη μνήμη.

      Γ. ΣΕΦΕΡΗΣ
      (Τετράδιο Γυμνασμάτων)

Ι

Να μην ακούγεται ήχος.
Είμαι εδώ στην κορφή. Η πορεία ανέβηκε.
Μόνος. Κάτω από τα πόδια μου σιδερένιες
   βέργες ελάσματα βράχοι
εδώ μόνος σ’ αυτό τον περιορισμένο χώρο στον
   απέραντο
χωρίς τείχη.

Άβυσσος παρελθόν ζώνες με επίπεδα εποχές
και μετά σκελετοί στην οικοδομή.
Σημαίες ζωή. Θάνατοι δεν υπάρχουν.
Στο επίπεδο όρος ορθός φτιάχνω τον κόσμο.

Μαζί μου όλοι υπηρετούν το σκοπό και κανέναν.
Τα κρίνα των αγρών –οι αμνοί– κανέναν.
Ο ήλιος δεκτός.
Φράσεις ναοί μεταβάλλονται κινούνται
τα επίπεδα πληθαίνουν κροτούν ανεβαίνουν
με μουσική
με άνεμο ανεβαίνουν.

Οι πόλεις χτίζονται – οι πόλεις πεθαίνουν.
Άνεμος υψώνει τα δένδρα – άνεμος γκρεμίζει το
   σκότος
άνεμος λαών ανθρώπων νέων διακλαδώσεων
κ’ εγώ πάντα στο οροπέδιο των πολιτισμών – των
   συντριμμάτων
κοιτάζω τη χλόη τα δένδρα τον ήλιο
κοιτάζω τις ηλεκτρικές συσκευές – τα κυκλάμινα
κοιτάζω κοιτάζω
πάντα και πάντα.


ΙI

Τώρα μπορώ πια να μπω.
Η πόρτα έχει ανοίξει.
Μέσα στο δέντρο υπάρχω και ζω –
τρέμουν τα φύλλα –τα άνθη τρέμουν–
έγινε πια ο καρπός.

Ελάτε κοντά μου – έχει γαλήνη.
Ελάτε ελάτε. Ιδού το σώμα μου
σας το προσφέρω –έχει γαλήνη–
έγινα πια ο καρπός.

Δεχτείτε με πάλι. Είμαι ο άνεμος η οργή –
είμαι το τελευταίο σκαλί σας
εσείς πάλι το πρώτο – προχωρείτε.

Οι σημαίες αλλάζουν – αλλάζουν τα χέρια αλλάζουν
κατεβαίνουν τα πλήθη ασύνταχτα
   – πάλι σε φάλαγγες
κατεβαίνουν.

Χωρίζει ο άνεμος τα στάχυα – τους λαούς
διαλύονται οι ομάδες –πληθαίνουν τα μέρη–
η σύγκρουση γίνεται.

Κανείς. Πάλι πάνω στο οροπέδιο μόνος
στους νέους τους βράχους – στα επίπεδα μόνος
μαζί με τον νέο τον άνεμο ένα και μόνος
κοιτάζω τη χλόη – τα δέντρα τον ήλιο
κοιτάζω κοιτάζω.


ΙΙΙ

Θα κτίσω τη νέα σας πόλη.
Μην αφίσετε την ελπίδα – κάθε λεπτό μια σημαία.
Μην αφίσετε το νερό τον άνεμο και τη γη –
κάθε λεπτό και μαζί σας.

Σας βλέπω –καμιά μάταιη προσπάθεια– τίποτα
όλα –εσείς– διαπερνάτε τα τείχη σας τους καπνούς
διαπερνάτε το χρόνο – παίζετε ζάρια όπλα χαρτιά
σας αγαπώ – μόνος μαζί σας.

Η πόλη σας είναι πια έτοιμη.
Κινείται. Αλλάζει ρυθμό – τα τύμπανα παίζουν
μπορεί να δεχθεί τη σφαγή
να δεχθεί τη γαλήνη
το φως να δεχθεί –
μπορεί ν’ ανέβει τούτη την άλλη την ώρα.

Ποιος μίλησε;
Στη φωτιά – στη φωτιά να ριχτεί
αυτός που παγωμένος σταθερός μπήκε στην πύλη
στη φωτιά – αυτός που κουράστηκε και θέλει
   μόνο την ακίνητη μάσκα
αυτός που δεν αλλάζει το βήμα το ρυθμό το γέλιο
   τη σιωπή
στη νέα – στη νέα του πόλη.

Γυρίζει. Το επίπεδο έπεσε πάνω στο άλλο.
Ζητάει το εκμαγείο –αγωνίζεται–
σε λίγο θα ανατιναχθεί –
ποιος είναι για νέα σημαία;

Κανείς. Μένω πάλι στο οροπέδιο μόνος
κοιτάζω πάλι την πόλη – τα χτίρια πάλιωσαν
κρατώ τη φωτιά τα κλαδιά τους ανθούς
και κοιτάζω.


IV

Μπήκα με άδεια χέρια στη σκήτη μου.
Τους καρπούς τώρα τους γεύεσαι γη – εγώ δεν
   υπάρχω.
Δεν ακούς πια τη φωνή μου – δεν ακούς
έχεις δικιά σου φωνή – δικά σου τα τείχη.
Φυτεύεις τα δένδρα – το στάρι ανθεί σε πελάγη.
Πάνω στο δικό μου το σώμα χτίζεις τις πόλεις.
Οι πόλεις έχουν δικό τους πια σώμα.
Καμμιά σιωπή – λάμψη καμμιά.
Περπατάς στους μεγάλους σου δρόμους
ζεύεις τους ποταμούς – τα βουνά
τρέχεις στα δάση
ανασταίνεις τους ήχους τους αυλούς τα νερά
   σε τραγούδια.

Τη νύχτα βγαίνω – κοιτάζω μακριά στο γιαλό
κοιτάζω βαθιά μες στα δάση
ανάβω μια μικρή φλόγα στη γη – ακούω τους ήχους
αυτούς που δεν θ’ ακούσει πια κανείς – ακούω
   και τρέμω.
Ματώνω τα χέρια στους λόγγους – ματώνω τα γόνατα
–Το ρήγμα ψάχνω να βρω σ’ αυτό το μπετόν–
το ρήγμα. – Στο σκουλήκι της γης την φλόγα
   υψώνω.

Τρέχω μέσα στη νύχτα
τρέχω με τ’ άλογό μου
βάζω πασσάλους πάνω στα όρη – σημαδεύω
   τους δρόμους
ακούω ούρλιασμα λύκων –ακούω φωνές–
ακούω βουή καταρράχτες
βιάζομαι
βιάζομαι
Πριν αλέκτωρ λαλήση
η νύχτα είναι μικρή – μεγαλώνει
ο άνεμος ετοιμάζει την έφοδο – οι φωνές
«κοίτα» – «τώρα» – «το άλλο βράδυ» –
   πρέπει πάλι να σας μιλήσω.

Μη με κοιτάτε παράξενα.
Κανένας δεν με γνωρίζει;

V

Δεν ήρθαν να ξαφνιάσω τις μέρες σας –
   δεν κρατώ τη ρομφαία.
Κυκλοφορούσα αιώνες μέσα στο πλήθος σας
μαζεύοντας σκόρπιους σπόρους.

Δεν ήρθα να σταματήσω τους ποταμούς τα νερά
τους καρπούς – δεν ήρθα.
Κυκλοφορούσα μέσα στους ήχους σας –
   τόσους αιώνες.
Ανέμιζα μαύρα λάβαρα στις αρτηρίες των δρόμων
με την καρδιά μου καρφωμένη στο φοβερό πάσσαλο
   σας καλούσα –
Δεν ήρθα να καταργήσω τον νόμο.

Ανεβαίνω εδώ σ’ αυτή την αγχόνη –
   αυτή στη στιγμή
σας δίνω το σχήμα σας – σας καλώ.
Δεν ήρθα σαν ξένος – δεν ήρθα.

Είμαι ο άνεμος η βροχή τα έρημα δάση
είμαι ο καταρράχτης το νερό το πουλί
αυτή η πόλη και η άλλη –
είμαι ο δρόμος η αυγή το τελευταίο λιμάνι
η καρδιά μου
το πρόσωπό μου και το δικό σας
είμαι εδώ και αλλού και παντού
μέσα στ’ αγέρι – μέσα στις παλιές ημερομηνίες
μέσα στα πλοία – στους ήχους – στους αγρούς
στα εργοστάσια είμαι – στις σκοτεινές αίθουσες
στ’ άδεια δωμάτια – στους εραστές – στα ερείπια
στις καμπάνες
μόνος μόνος μόνος
απ’ την αρχή μέχρι το τέλος του κόσμου.

Και τώρα εδώ πάνω σ’ αυτό το οροπέδιο σας καλώ
τώρα που θα βυθίσω το μαχαίρι στο στήθος
να σας δώσω το αίμα μου –
άνθη τεράστιες πόρτες ουρανοί τρέμουν κυλάνε
μπροστά στα πόδια σας στα όνειρά σας στο ψωμί
κρότοι καταστροφή και νέα αυγή κατεβαίνει.

Ο άνεμός μου κάθε νύχτα με παγώνει.

VI

Περιφέρουν οι λαοί στη ρίζα μου την καρδιά μου.
Οι δρόμοι ανοίγουν πληγές κρότους ποτάμια
ανάβουν φωτιές στα σπίτια – στα στρατόπεδα
   ανάβουνε φώτα.

Οι λύκοι ουρλιάζουν εκείνες τις νύχτες.
Ανεβαίνουν τους βράχους –βγάζουν αφρούς–
μπήγουν τα νύχια στα μάτια –
κανείς δεν τους βλέπει – κανείς. Η σιωπή
   παγώνει στα δένδρα.

Αφίνω τότε την έρημο –αφίνω τα άνθη– αφίνω
αφίνω τους αγρούς τη γιορτή τις καμπάνες
αφίνω τη νύχτα μου – το βαθύ μου ποτάμι
ο σκοτεινός ωκεανός δεν κρατάει το κορμί μου
τύμπανα παίζω στα δάση
τύμπανα στα κρυφά μονοπάτια
κατεβαίνω σκάλες γυρτές πλάγιες κατεβαίνω
κάτω βαθιά στη ρίζα μου
κάτω βαθιά στην καρδιά μου –
νάμε Ιησού Κρίσνα Μωυσή
εγώ ο ταπεινός δούλος σας ανάμεσα στο λαό μου
υψώνω το λάβαρο – το δρόμο υψώνω
υψώνω τα εργοστάσια τα δένδρα τις καρδιές
μοιράζω σημαίες φλόγες ωκεανούς
κατεβαίνω από τα όρη – τους βράχους
ανεβαίνω από το σκοτεινό βάθος της θάλασσας
έτσι φωτεινός ωραίος αγνός – σαν αέρας

Τώρα ο θόρυβος συνέχει τους κορμούς.
Οι εικόνες παίρνουνε σχήμα και χρώμα –
πίδακες στις φλέβες της γης για καρποί
ταράζουν τα νερά πουλιά στους βράχους.

Εγώ πήρα πια το ραβδί – σας αφίνω.
Χαϊδεύω τη χλόη στους δρόμους – ακούω τα πουλιά
   τη σιωπή
χαϊδεύω τα άνθη τούς αγρούς τη βροχή
βλέπω το πρόσωπό μου στο δικό σας ποτάμι.

Η σκηνή με περιμένει.

VII

Τα οράματά μου γυάλινοι θόλοι υγροί –
σφαίρες διάφανες γαλάζιες
τα οράματά μου λαοί –σιδερένιες λαβές–
   σκοτεινή άβυσσος
πλήθος εικόνες μάχονται – βγαίνουν στην επιφάνεια
με στηρίζουν με μαύρους πασσάλους
τα τείχη συντρίβονται στο πρόσωπό μου
τα σχήματα αλλάζουν –πώς να κρατηθώ; -
νάμε βαθιά στο βράχο σαν πληγή
μάχομαι μάχομαι αυτό το Μέγα.

Το στερεό διαλύεται – τα γαμψά σχήματα πείθουν
το στερεό φεύγει τετράγωνο λυώνει
κ’ εγώ μ’ όλο το βάρος αδιάφορος προχωρώ
στη νέα στη νέα εποχή μου –
προχωρώ πάνω στο βράχο στο σκοτεινό οροπέδιο
προχωρώ σαν άνεμος κραυγή –
Γίνηκα σπόρος.
Άνεμος νερό φωτιά μέσα στο φύτρο πιο μικρό
δύναμη δύναμη βαθιά τα μόρια του κόσμου
υψώνει τους πίδακες – κροτούν οι ανεμώνες
κροτούν οι φλέβες – οι υπόγειοι ποταμοί
ανάβουν πολυέλαιοι στην έρημο
τα ζώα κροτούν πάνω στο τύμπανό μου
επιστρατεύονται κεραυνοί λάμψεις ζωή
ανεμίζουν τα άστρα – τρέμουν οι ουρανοί
γυρίζουν οι σφαίρες – γυρίζουν
κι εγώ πάντα στο οροπέδιο
κοιτάζω κοιτάζω κοιτάζω
βγάζω τον αυλό τις χορδές τις κιθάρες
και τραγουδάω.



Από το βιβλίο: Μιχάλης Κατσαρός, «Μεσολόγγι. Οροπέδιο», Εκδόσεις Κείμενα, Αθήνα 1972, σελ. 23-42.