Thursday, July 28, 2011

JORGE LUÍS BORGES (1899-1986)



UN RECUERDO

Dime por favor donde no estás
en qué lugar puedo no ser tu ausencia
dónde puedo vivir sin recordarte,
y dónde recordar, sin que me duela.

Dime por favor en que vacío,
no está tu sombra llenando los centros;
dónde mi soledad es ella misma,
y no el sentir que tú te encuentras lejos.

Dime por favor por qué camino,
podré yo caminar, sin ser tu huella;
dónde podré correr no por buscarte,
y dónde descanzar de mi tristeza.

Dime por favor cuál es la noche,
que no tiene el color de tu mirada;
cuál es el sol, que tiene luz tan solo,
y no la sensación de que me llamas.

Dime por favor donde hay un mar,
que no susurre a mis oídos tus palabras.

Dime por favor en qué rincón,
nadie podrá ver mi tristeza;
dime cuál es el hueco de mi almohada,
que no tiene apoyada tu cabeza.

Dime por favor cuál es la noche,
en que vendrás, para velar tu sueño;
que no puedo vivir, porque te extraño;
y que no puedo morir, porque te quiero.



A UN POETA SAJÓN

Tú cuya carne, hoy dispersión y polvo,
pesó como la nuestra sobre la tierra,
tú cuyos ojos vieron el sol, esa famosa estrella,
tú que viniste no en el rígido ayer
sino en el incesante presente,
en el último punto y ápice vertiginoso del tiempo,
tú que en tu monasterio fuiste llamado
por la antigua voz de la épica,
tú que tejiste las palabras,
yú que cantaste la victoria de Brunanburh
y no la atribuiste al Señor
sino a la espada de tu rey,
tú que con júbilo feroz cantaste,
la humillación del viking,
el festín del cuervo y del águila,
tú que en la oda militar congregaste
las rituales metáforas de la estirpe,
tú que en un tiempo sin historia
viste en el ahora el ayer
y en el sudor y sangre de Brunanburh
un cristal de antiguas auroras,
tú que tanto querías a tu Inglaterra
y no la nombraste,
hoy no eres otra cosa que unas palabras
que los germanistas anotan.
Hoy no eres otra cosa que mi voz
cuando revive tus palabras de hierro.
Pido a mis dioses o a la suma del tiempo
que mis días merezcan el olvido,
que mi nombre sea Nadie como el de Ulises,
pero que algún verso perdure
en la noche propicia a la memoria
o en las mañanas de los hombres.



AL TRISTE

Ahí está lo que fue: la terca espada
del sajón y su métrica de hierro,
los mares y las islas del destierro
del hijo de Laertes, la dorada
luna del persa y los sin fin jardines
de la filosofía y de la historia,
el oro sepulcral de la memoria
y en la sombra el olor de los jazmines.
Y nada de eso importa. El resignado
ejercicio del verso no te salva
ni las aguas del sueño ni la estrella
que en la arrasada noche olvida el alba.
Una sola mujer es tu cuidado,
igual a las demás, pero que es ella.



AL VINO

En el bronce de Homero resplandece tu nombre,
negro vino que alegras el corazón del hombre.
Siglos de siglos hace que vas de mano en mano
desde el ritón del griego al cuerno del germano.

En la aurora ya estabas. A las generaciones
les diste en el camino tu fuego y tus leones.
Junto a aquel otro río de noches y de días
corre el tuyo que aclaman amigos y alegrías.

Vino que como un Éufrates patriarcal y profundo
vas fluyendo a lo largo de la historia del mundo.
En tu cristal que vive nuestros ojos han visto
una roja metáfora de la sangre de Cristo.

En las arrebatadas estrofas del sufí
eres la cimitarra, la rosa y el rubí.
Que otros en tu Leteo beban un triste olvido;
yo busco en ti las fiestas del fervor compartido.

Sésamo con el cual antiguas noches abro
y en la dura tiniebla, dádiva y candelabro.
Vino del mutuo amor o la roja pelea,
alguna vez te llamaré. Que así sea.



ALHAMBRA

Grata la voz del agua
a quien abrumaron negras arenas,
grato a la mano cóncava
el mármol circular de la columna,
gratos los finos laberintos del agua
entre los limoneros,
grata la música del zéjel,
grato el amor y grata la plegaria
dirigida a un Dios que está solo,
grato el jazmín.
Vano el alfanje
ante las largas lanzas de los muchos,
vano ser el mejor.
Grato sentir o presentir, rey doliente,
que tus dulzuras son adioses,
que te será negada la llave,
que la cruz del infiel borrará la luna,
que la tarde que miras es la última.



ANTELACIÓN DEL AMOR


Ni la intimidad de tu frente clara como una fiesta
ni la privanza de tu cuerpo, aún misterioso y tácito y de niña,
ni la sucesión de tu vida situándose en palabras o acallamiento
serán favor tan persuasivo de ideas
como el mirar tu sueño implicado
en la vigilia de mis ávidos brazos.
Virgen milagrosamente otra vez por la virtud absolutoria del sueño,
quieta y resplandeciente como una dicha en la selección del recuerdo,
me darás esa orilla de tu vida que tú misma no tienes,
Arrojado a la quietud
divisaré esa playa última de tu ser
y te veré por vez primera quizás como Dios ha de verte,
desbaratada la ficción del Tiempo
sin el amor, sin mí.



AUSENCIA

Habré de levantar la vasta vida
que aún ahora es tu espejo:
cada mañana habré de reconstruirla.
Desde que te alejaste,
cuántos lugares se han tornado vanos
y sin sentido, iguales
a luces en el día.
Tardes que fueron nicho de tu imagen,
músicas en que siempre me aguardabas,
palabras de aquel tiempo,
yo tendré que quebrarlas con mis manos.
¿En qué hondonada esconderé mi alma
para que no vea tu ausencia
que como un sol terrible, sin ocaso,
brilla definitiva y despiadada?
Tu ausencia me rodea
como la cuerda a la garganta,
el mar al que se hunde.



BARRIO RECUPERADO

Nadie vio la hermosura de las calles
hasta que pavoroso en clamor
se derrumbó el cielo verdoso
en abatimiento de agua y de sombra.
El temporal fue unánime
y aborrecible a las miradas fue el mundo,
pero cuando un arco bendijo
con los colores del perdón la tarde,
y un olor a tierra mojada
alentó los jardines,
nos echamos a caminar por las calles
como por una recuperada heredad,
y en los cristales hubo generosidades de sol
y en las hojas lucientes
dijo su trémula inmortalidad el estío.



DESPEDIDA

Entre mi amor y yo han de levantarse
trescientas noches como trescientas paredes
y el mar será una magia entre nosotros.
No habrá sino recuerdos.
Oh tardes merecidas por la pena,
noches esperanzadas de mirarte,
campos de mi camino, firmamento
que estoy viendo y perdiendo…
Definitiva como un mármol
entristecerá tu ausencia otras tardes.



EL AMENAZADO

Es el amor. Tendré que cultarme o que huir.
Crecen los muros de su cárcel, como en un sueño atroz.
La hermosa máscara ha cambiado, pero como siempre es la única.
¿De qué me servirán mis talismanes: el ejercicio de las letras,
la vaga erudición, el aprendizaje de las palabras que usó el áspero
Norte para cantar sus mares y sus espadas,
la serena amistad, las galerías de la biblioteca, las cosas comunes,
los hábitos, el joven amor de mi madre, la sombra militar de mis muertos, la noche intemporal, el sabor del sueño?
Estar contigo o no estar contigo es la medida de mi tiempo.
Ya el cántaro se quiebra sobre la fuente, ya el hombre se
levanta a la voz del ave, ya se han oscurecido los que miran por las ventanas, pero la sombra no ha traído la paz.
Es, ya lo sé, el amor: la ansiedad y el alivio de oír tu voz, la espera y la memoria, el horror de vivir en lo sucesivo.
Es el amor con sus mitologías, con sus pequeñas magias inútiles.
Hay una esquina por la que no me atrevo a pasar.
Ya los ejércitos me cercan, las hordas.
(Esta habitación es irreal; ella no la ha visto.)
El nombre de una mujer me delata.
Me duele una mujer en todo el cuerpo.



DESPERTAR

Entra la luz y asciendo torpemente
de los sueños al sueño compartido
y las cosas recobran su debido
y esperado lugar y en el presente
converge abrumador y vasto el vago
ayer: las seculares migraciones
del pájaro y del hombre, las legiones
que el hierro destrozó, Roma y Cartago.

Vuelve también la cotidiana historia:
mi voz, mi rostro, mi temor, mi suerte.
¡Ah, si aquel otro despertar, la muerte,
me deparara un tiempo sin memoria
de mi nombre y de todo lo que he sido!
¡Ah, si en esa mañana hubiera olvido!



LO PERDIDO


¿Dónde estará mi vida, la que pudo
haber sido y no fue, la venturosa
o la de triste horror, esa otra cosa
que pudo ser la espada o el escudo
y que no fue? ¿Dónde estará el perdido
antepasado persa o el noruego,
dónde el azar de no quedarme ciego,
dónde el ancla y el mar, dónde el olvido
de ser quien soy? ¿Dónde estará la pura
noche que al rudo labrador confía
el iletrado y laborioso día,
según lo quiere la literatura?
Pienso también en esa compañera
que me esperaba, y que tal vez me espera.



LECTORES

De aquel hidalgo de cetrina y seca
tez y de heroico afán se conjetura
que, en víspera perpetua de aventura,
no salió nunca de su biblioteca.
La crónica puntual que sus empeños
narra y sus tragicómicos desplantes
fue soñada por él, no por Cervantes,
y no es más que una crónica de sueños.
Tal es también mi suerte. Sé que hay algo
inmortal y esencial que he sepultado
en esa biblioteca del pasado
en que leí la historia del hidalgo.
Las lentas hojas vuelve un niño y grave
sueña con vagas cosas que no sabe.



LOS ESPEJOS

Yo que sentí el horror de los espejos
no sólo ante el cristal impenetrable
donde acaba y empieza, inhabitable,
un imposible espacio de reflejos
sino ante el agua especular que imita
el otro azul en su profundo cielo
que a veces raya el ilusorio vuelo
del ave inversa o que un temblor agita
Y ante la superficie silenciosa
del ébano sutil cuya tersura
repite como un sueño la blancura
de un vago mármol o una vaga rosa,
Hoy, al cabo de tantos y perplejos
años de errar bajo la varia luna,
me pregunto qué azar de la fortuna
hizo que yo temiera los espejos.
Espejos de metal, enmascarado
espejo de caoba que en la bruma
de su rojo crepúsculo disfuma
ese rostro que mira y es mirado,
Infinitos los veo, elementales
ejecutores de un antiguo pacto,
multiplicar el mundo como el acto
generativo, insomnes y fatales.
Prolonga este vano mundo incierto
en su vertiginosa telaraña;
a veces en la tarde los empaña
el Hálito de un hombre que no ha muerto.
Nos acecha el cristal. Si entre las cuatro
paredes de la alcoba hay un espejo,
ya no estoy solo. Hay otro. Hay el reflejo
que arma en el alba un sigiloso teatro.
Todo acontece y nada se recuerda
en esos gabinetes cristalinos
donde, como fantásticos rabinos,
leemos los libros de derecha a izquierda.
Claudio, rey de una tarde, rey soñado,
no sintió que era un sueño hasta aquel día
en que un actor mimó su felonía
con arte silencioso, en un tablado.
Que haya sueños es raro, que haya espejos,
que el usual y gastado repertorio
de cada día incluya el ilusorio
orbe profundo que urden los reflejos.
Dios (he dado en pensar) pone un empeño
en toda esa inasible arquitectura
que edifica la luz con la tersura
del cristal y la sombra con el sueño.
Dios ha creado las noches que se arman
de sueños y las formas del espejo
para que el hombre sienta que es reflejo
y vanidad. Por eso no alarman.



LA MONEDA DE HIERRO

Aquí está la moneda de hierro. Interroguemos
las dos contrarias caras que serán la respuesta
de la terca demanda que nadie no se ha hecho:
¿Por qué precisa un hombre que una mujer lo quiera?
Miremos. En el orbe superior se entretejan
el firmamento cuádruple que sostiene el diluvio
y las inalterables estrellas planetarias.
Adán, el joven padre, y el joven Paraíso.
La tarde y la mañana. Dios en cada criatura.
En ese laberinto puro está tu reflejo.
Arrojemos de nuevo la moneda de hierro
que es también un espejo magnífico. Su reverso
es nadie y nada y sombra y ceguera. Eso eres.
De hierro las dos caras labran un solo eco.
Tus manos y tu lengua son testigos infieles.
Dios es el inasible centro de la sortija.
No exalta ni condena. Obra mejor: olvida.
Maculado de infamia ¿por qué no han de quererte?
En la sombra del otro buscamos nuestra sombra;
en el cristal del otro, nuestro cristal recíproco.



POEMA DE LOS DONES

Nadie rebaje a lágrima o reproche
esta declaración de la maestría
de Dios, que con magnífica ironía
me dio a la vez los libros y la noche.
De esta ciudad de libros hizo dueños
a unos ojos sin luz, que sólo pueden
leer en las bibliotecas de los sueños
los insensatos párrafos que ceden
las albas a su afán. En vano el día
les prodiga sus libros infinitos,
arduos como los arduos manuscritos
que perecieron en Alejandría.
De hambre y de sed (narra una historia griega)
muere un rey entre fuentes y jardines;
yo fatigo sin rumbo los confines
de esta alta y honda biblioteca ciega.
Enciclopedias, atlas, el Oriente
y el Occidente, siglos, dinastías,
símbolos, cosmos y cosmogonías
brindan los muros, pero inútilmente.
Lento en mi sombra, la penumbra hueca
exploro con el báculo indeciso,
yo, que me figuraba el Paraíso
bajo la especie de una biblioteca.
Algo, que ciertamente no se nombra
con la palabra azar, rige estas cosas;
otro ya recibió en otras borrosas
tardes los muchos libros y la sombra.
Al errar por las lentas galerías
suelo sentir con vago horror sagrado
que soy el otro, el muerto, que habrá dado
los mismos pasos en los mismos días.
¿Cuál de los dos escribe este poema
de un yo plural y de una sola sombra?
¿Qué importa la palabra que me nombra
si es indiviso y uno el anatema?
Groussac o Borges, miro este querido
mundo que se deforma y que se apaga
en una pálida ceniza vaga
que se parece al sueño y al olvido.



MONTEVIDEO


Resbalo por tu tarde como el cansancio por la piedad de un declive.
La noche nueva es como un ala sobre tus azoteas.
Eres el Buenos Aires que tuvimos, el que en los años se alejó quietamente.
Eres nuestra y fiestera, como la estrella que duplican las aguas.
Puerta falsa en el tiempo, tus calles miran al pasado más leve.
Claror de donde la mañana nos llega, sobre las dulces aguas turbias.
Antes de iluminar mi celosía tu bajo sol bienaventura tus quintas.
Ciudad que se oye como un verso.
Calles con luz de patio.



SONETO DEL VINO

¿En qué reino, en qué siglo, bajo qué silenciosa
conjunción de los astros, en qué secreto día
que el mármol no ha salvado, surgió la valerosa
y singular idea de inventar la alegría?
Con otoños de oro la inventaron. El vino
fluye rojo a lo largo de las generaciones
como el río del tiempo y en el arduo camino
nos prodiga su música, su fuego y sus leones.
En la noche del júbilo o en la jornada adversa
exalta la alegría o mitiga el espanto
y el ditirambo nuevo que este día le canto
otrora lo cantaron el árabe y el persa.
Vino, enséñame el arte de ver mi propia historia
como si ésta ya fuera ceniza en la memoria.



LA PRUEBA

Del otro lado de la puerta un hombre
deja caer su corrupción. En vano
elevará esta noche una plegaria
a su curioso dios, que es tres, dos, uno,
y se dirá que es inmortal. Ahora
oye la profecía de su muerte
y sabe que es un animal sentado.
Eres, hermano, ese hombre. Agradezcamos
los vermes y el olvido.



LA BUSCA

Al término de tres generaciones
vuelvo a los campos de los Acevedo,
que fueron mis mayores. Vagamente
los he buscado en esta vieja casa
blanca y rectangular, en la frescura
de sus dos galerías, en la sombra
creciente que proyectan los pilares,
en el intemporal grito del pájaro,
en la lluvia que abruma la azotea,
en el crepúsculo de los espejos,
en un reflejo, un eco, que fue suyo
y que ahora es mío, sin que yo lo sepa.
He mirado los hierros de la reja
que detuvo las lanzas del desierto,
la palmera partida por el rayo,
los negros toros de Aberdeen, la tarde,
las casuarinas que ellos nunca vieron.
Aquí fueron la espada y el peligro,
las duras proscripciones, las patriadas;
firmes en el caballo, aquí rigieron
la sin principio y la sin fin llanura
los estancieros de las largas leguas.
Pedro Pascual, Miguel, Judas Tadeo…
Quién me dirá si misteriosamente,
bajo este techo de una sola noche,
más allá de los años y del polvo,
más allá del cristal de la memoria,
no nos hemos unido y confundido,
yo en el sueño, pero ellos en la muerte.



LAS CAUSAS


Los ponientes y las generaciones.
Los días y ninguno fue el primero.
La frescura del agua en la garganta
de Adán. El ordenado Paraíso.
El ojo descifrando la tiniebla.
El amor de los lobos en el alba.
La palabra. El hexámetro. El espejo.
La Torre de Babel y la soberbia.
La luna que miraban los caldeos.
Las arenas innúmeras del Ganges.
Chuang-Tzu y la mariposa que lo sueña.
Las manzanas de oro de las islas.
Los pasos del errante laberinto.
El infinito lienzo de Penélope.
El tiempo circular de los estoicos.
La moneda en la boca del que ha muerto.
El peso de la espada en la balanza.
Cada gota de agua en la clepsidra.
Las águilas, los fastos, las legiones.
César en la mañana de Farsalia.
La sombra de las cruces en la tierra.
El ajedrez y el álgebra del persa.
Los rastros de las largas migraciones.
La conquista de reinos por la espada.
La brújula incesante. El mar abierto.
El eco del reloj en la memoria.
El rey ajusticiado por el hacha.
El polvo incalculable que fue ejércitos.
La voz del ruiseñor en Dinamarca.
La escrupulosa línea del calígrafo.
El rostro del suicida en el espejo.
El naipe del tahúr. El oro ávido.
Las formas de la nube en el desierto.
Cada arabesco del calidoscopio.
Cada remordimiento y cada lágrima.
Se precisaron todas esas cosas
para que nuestras manos se encontraran.



SOY

Soy el que sabe que no es menos vano
que el vano observador que en el espejo
de silencio y cristal sigue el reflejo
o el cuerpo (da lo mismo) del hermano.
Soy, tácitos amigos, el que sabe
que no hay otra venganza que el olvido
ni otro perdón. Un dios ha concedido
al odio humano esta curiosa llave.
Soy el que pese a tan ilustres modos
de errar, no ha descifrado el laberinto
singular y plural, arduo y distinto,
del tiempo, que es uno y es de todos.
Soy el que es nadie, el que no fue una espada
en la guerra. Soy eco, olvido, nada.



EL REMORDIMIENTO

He cometido el peor de los pecados
que un hombre puede cometer. No he sido
feliz. Que los glaciares del olvido
me arrastren y me pierdan, despiadados.
Mis padres me engendraron para el juego
arriesgado y hermoso de la vida,
para la tierra, el agua, el aire, el fuego.
Los defraudé. No fui feliz. Cumplida
no fue su joven voluntad. Mi mente
se aplicó a las simétricas porfías
del arte, que entreteje naderías.
Me legaron valor. No fui valiente.
No me abandona. Siempre está a mi lado
La sombra de haber sido un desdichado.



JACTANCIA DE QUIETUD

Escrituras de luz embisten la sombra, más prodigiosas que meteoros.
La alta ciudad inconocible arrecia sobre el campo.
Seguro de mi vida y de mi muerte, miro los ambiciosos
y quisiera entenderlos.
Su día es ávido como el lazo en el aire.
Su noche es tregua de la ira en el hierro, pronto en acometer.
Hablan de humanidad.
Mi humanidad está en sentir que somos voces de una misma penuria.
Hablan de patria.
Mi patria es un latido de guitarra, unos retratos y una vieja espada,
la oración evidente del sauzal en los atardeceres.
El tiempo está viviéndome.
Más silencioso que mi sombra, cruzo el tropel de su levantada codicia.
Ellos son imprescindibles, únicos, merecedores del mañana.
Mi nombre es alguien y cualquiera.
Paso con lentitud, como quien viene de tan lejos que no espera llegar.



UN CIEGO

No sé cuál es la cara que me mira
cuando miro la cara del espejo;
no sé qué anciano acecha en su reflejo
con silenciosa y ya cansada ira.
Lento en mi sombra, con la mano exploro
mis invisibles rasgos. Un destello
me alcanza. He vislumbrado tu cabello
que es de ceniza o es aún de oro.
Repito que he perdido solamente
la vana superficie de las cosas.
El consuelo es de Milton y es valiente,
Pero pienso en las letras y en las rosas.
Pienso que si pudiera ver mi cara
sabría quién soy en esta tarde rara.



EL SUEÑO

Si el sueño fuera (como dicen) una
tregua, un puro reposo de la mente,
¿por qué, si te despiertan bruscamente,
sientes que te han robado una fortuna?
¿Por qué es tan triste madrugar? La hora
nos despoja de un don inconcebible,
tan íntimo que sólo es traducible
en un sopor que la vigilia dora
de sueños, que bien pueden ser reflejos
truncos de los tesoros de la sombra,
de un orbe intemporal que no se nombra
y que el día deforma en sus espejos.
¿Quién serás esta noche en el oscuro
sueño, del otro lado de su muro?



POEMA DE LA QUANTIDAD

Pienso en el parco cielo puritano
de solitarias y perdidas luces
que Emerson miraría tantas noches
desde la nieve y el rigor de Concord.
Aquí son demasiadas las estrellas.
El hombre es demasiado. Las innúmeras
generaciones de aves y de insectos,
del jaguar constelado y de la sierpe,
de ramas que se tejen y entretejen,
del café, de la arena y de las hojas
oprimen las mañanas y prodigan
su minucioso laberinto inútil.
Acaso cada hormiga que pisamos
es única ante Dios, que la precisa
para la ejecución de las puntuales
leyes que rigen su curiosos mundo.
Si así no fuera, el universo entero
sería un error y un oneroso caos.
los espejos del ébano y del agua,
el espejo inventivo de los sueños,
los líquenes, los peces, las madréporas,
las filas de tortugas en el tiempo,
las luciérnagas de una sola tarde,
las dinastías de las araucarias,
las perfiladas letras de un volumen
que la noche no borra, son sin duda
no menos personales y enigmáticas
que yo, que las confundo. no me atrevo
a juzgar la lepra o a Calígula.



ELOGIO DE LA SOMBRA

La vejez (tal es el nombre que los otros le dan)
puede ser el tiempo de nuestra dicha.
El animal ha muerto o casi ha muerto.
Quedan el hombre y su alma.
Vivo entre formas luminosas y vagas
que no son aún la tiniebla.
Buenos Aires,
que antes se desgarraba en arrabales
hacia la llanura incesante,
ha vuelto a ser la Recoleta, el Retiro,
las borrosas calles del Once
y las precarias casas viejas
que aún llamamos el Sur.
Siempre en mi vida fueron demasiadas las cosas;
Demócrito de Abdera se arrancó los ojos para pensar;
el tiempo ha sido mi Demócrito.
Esta penumbra es lenta y no duele;
fluye por un manso declive
y se parece a la eternidad.
Mis amigos no tienen cara,
las mujeres son lo que fueron hace ya tantos años,
las esquinas pueden ser otras,
no hay letras en las páginas de los libros.
Todo esto debería atemorizarme,
pero es una dulzura, un regreso.
De las generaciones de los textos que hay en la tierra
sólo habré leído unos pocos,
los que sigo leyendo en la memoria,
leyendo y transformando.
Del Sur, del Este, del Oeste, del Norte,
convergen los caminos que me han traído
a mi secreto centro.
Esos caminos fueron ecos y pasos,
mujeres, hombres, agonías, resurrecciones,
días y noches,
entresueños y sueños,
cada ínfimo instante del ayer
y de los ayeres del mundo,
la firme espada del danés y la luna del persa,
los actos de los muertos,
el compartido amor, las palabras,
Emerson y la nieve y tantas cosas.
Ahora puedo olvidarlas. Llego a mi centro,
a mi álgebra y mi clave,
a mi espejo.
Pronto sabré quién soy.



LOS JUSTOS

Un hombre que cultiva un jardín, como quería Voltaire.
El que agradece que en la tierra haya música.
El que descubre con placer una etimología.
Dos empleados que en un café del Sur juegan un silencioso ajedrez.
El ceramista que premedita un color y una forma.
Un tipógrafo que compone bien esta página, que tal vez no le agrada
Una mujer y un hombre que leen los tercetos finales de cierto canto.
El que acaricia a un animal dormido.
El que justifica o quiere justificar un mal que le han hecho.
El que agradece que en la tierra haya Stevenson.
El que prefiere que los otros tengan razón.
Esas personas, que se ignoran, están salvando el mundo.



LOS BORGES

Nada o muy poco sé de mis mayores
portugueses, los Borges: vaga gente
que prosigue en mi carne, oscuramente,
sus hábitos, rigores y temores.
Tenues como si nunca hubieran sido
y ajenos a los trámites del arte,
indescifrablemente forman parte
del tiempo, de la tierra y del olvido.
Mejor así. Cumplida la faena,
son Portugal, son la famosa gente
que forzó las murallas del Oriente
y se dio al mar y al otro mar de arena.
Son el rey que en el místico desierto
se perdió y el que jura que no ha muerto.



EL RELOJ DE ARENA

Está bien que se mida con la dura
Sombra que una columna en el estío
Arroja o con el agua de aquel río
En que Heráclito vio nuestra locura
El tiempo, ya que al tiempo y al destino
Se parecen los dos: la imponderable
Sombra diurna y el curso irrevocable
Del agua que prosigue su camino.
Está bien, pero el tiempo en los desiertos
Otra substancia halló, suave y pesada,
Que parece haber sido imaginada
Para medir el tiempo de los muertos.
Surge así el alegórico instrumento
De los grabados de los diccionarios,
La pieza que los grises anticuarios
Relegarán al mundo ceniciento
Del alfil desparejo, de la espada
Inerme, del borroso telescopio,
Del sándalo mordido por el opio
Del polvo, del azar y de la nada.
¿Quién no se ha demorado ante el severo
Y tétrico instrumento que acompaña
En la diestra del dios a la guadaña
Y cuyas líneas repitió Durero?
Por el ápice abierto el cono inverso
Deja caer la cautelosa arena,
Oro gradual que se desprende y llena
El cóncavo cristal de su universo.
Hay un agrado en observar la arcana
Arena que resbala y que declina
Y, a punto de caer, se arremolina
Con una prisa que es del todo humana.
La arena de los ciclos es la misma
E infinita es la historia de la arena;
Así, bajo tus dichas o tu pena,
La invulnerable eternidad se abisma.
No se detiene nunca la caída
Yo me desangro, no el cristal. El rito
De decantar la arena es infinito
Y con la arena se nos va la vida.
En los minutos de la arena creo
Sentir el tiempo cósmico: la historia
Que encierra en sus espejos la memoria
O que ha disuelto el mágico Leteo.
El pilar de humo y el pilar de fuego,
Cartago y Roma y su apretada guerra,
Simón Mago, los siete pies de tierra
Que el rey sajón ofrece al rey noruego,
Todo lo arrastra y pierde este incansable
Hilo sutil de arena numerosa.
No he de salvarme yo, fortuita cosa
De tiempo, que es materia deleznable.



CURSO DE LOS RECUERDOS

Recuerdo mío del jardín de casa:
vida benigna de las plantas,
vida cortés de misteriosa
y lisonjeada por los hombres.

Palmera la más alta de aquel cielo
y conventillo de gorriones;
parra firmamental de uva negra,
los días del verano dormían a tu sombra.

Molino colorado:
remota rueda laboriosa en el viento,
honor de nuestra casa, porque a las otras
iba el río bajo la campanita del aguatero.

Sótano circular de la base
que hacías vertiginoso el jardín,
daba miedo entrever por una hendija
tu calabozo de agua sutil.

Jardín, frente a la verja cumplieron
sus caminos los sufridos carreros
y el charro carnaval aturdió
con insolentes murgas.

El almacén, padrino del malevo,
dominaba la esquina;
pero tenía cañaverales para hacer lanzas
y gorriones para la oración.

El sueño de tus árboles y el mío
todavía en la noche se confunden
y la devastación de la urraca
dejó un antiguo miedo en mi sangre.

Tus contadas varas de fondo
se nos volvieron geografía;
un alto era «la montaña de tierra»
y una temeridad su declive.

Jardín, yo cortaré mi oración
para seguir siempre acordándome:
voluntad o azar de dar sombra
fueron tus árboles.



EL ALQUIMISTA

Lento en el alba un joven que han gastado
La larga reflexión y las avaras
Vigilias considera ensimismado
Los insomnes braseros y alquitaras.

Sabe que el oro, ese Proteo, acecha
Bajo cualquier azar, como el destino;
Sabe que está en el polvo del camino,
En el arco, en el brazo y en la flecha.

En su oscura visión de un ser secreto
Que se oculta en el astro y en el lodo,
Late aquel otro sueño de que todo
Es agua, que vio Tales de Mileto.

Otra visión habrá; la de un eterno
Dios cuya ubicua faz es cada cosa,
Que explicará el geométrico Spinoza
En un libro más arduo que el Averno...

En los vastos confines orientales
Del azul palidecen los planetas,
El alquimista piensa en las secretas
Leyes que unen planetas y metales.

Y mientras cree tocar enardecido
El oro aquél que matará la Muerte.
Dios, que sabe de alquimia, lo convierte
En polvo, en nadie, en nada y en olvido.



EL INSTANTE

¿Dónde estarán los siglos, dónde el sueño
de espadas que los tártaros soñaron,
dónde los fuertes muros que allanaron,
dónde el Árbol de Adán y el otro Leño?

El presente está solo. La memoria
erige el tiempo. Sucesión y engaño
es la rutina del reloj. El año
no es menos vano que la vana historia.

Entre el alba y la noche hay un abismo
de agonías, de luces, de cuidados;
el rostro que se mira en los gastados

espejos de la noche no es el mismo.
El hoy fugaz es tenue y es eterno;
otro Cielo no esperes, ni otro Infierno.



AMOROSA ANTICIPACIÓN

Ni la intimidad de tu frente clara como una fiesta
ni la costumbre de tu cuerpo, aún misterioso y tácito y de niña,
ni la sucesión de tu vida asumiendo palabras o silencios
serán favor tan misterioso
como el mirar tu sueño implicado
en la vigilia de mis brazos.
Virgen milagrosamente otra vez por la virtud absolutoria del sueño,
quieta y resplandeciente como una dicha que la memoria elige,
me darás esa orilla de tu vida que tú misma no tienes,
Arrojado a quietud
divisaré esa playa última de tu ser
y te veré por vez primera, quizá,
como Dios ha de verte,
desbaratada la ficción del Tiempo
sin el amor, sin mí.



EL MAR

Antes que el sueño (o el terror) tejiera
mitologías y cosmogonías,
antes que el tiempo se acuñara en días,
el mar, el siempre mar, ya estaba y era.

¿Quién es el mar? ¿Quién es aquel violento
y antiguo ser que roe los pilares
de la tierra y es uno y muchos mares
y abismo y resplandor y azar y viento?

Quien lo mira lo ve por vez primera,
siempre. Con el asombro que las cosas
elementales dejan, las hermosas

tardes, la luna, el fuego de una hoguera.
¿Quién es el mar, quién soy? Lo sabré el día
ulterior que sucede a la agonía.



EL INGENUO

Cada aurora -nos dicen- maquina maravillas
capaces de torcer la más terca fortuna;
hay pisadas humanas que han medido la luna
y el insomnio devasta los años y las millas.

En el azul acechan públicas pesadillas
que entenebran el día. No hay en el orbe una
cosa que no sea otra, o contraria, o ninguna.
A mí sólo me inquietan las sorpresas sencillas.

Me asombra que una llave pueda abrir una puerta,
me asombra que mi mano sea una cosa cierta,
me asombra que del griego la eleática saeta

instantánea no alcance la inalcanzable meta,
me asombra que la espada cruel pueda ser hermosa,
y que la rosa tenga el olor de la rosa.



EL BISONTE

Montañoso, abrumado, indescifrable,
rojo como la brasa que se apaga,
anda fornido y lento por la vaga
soledad de su páramo incansable.

El armado testuz levanta. En este
antiguo toro de durmiente ira,
veo a los hombres rojos del Oeste
y a los perdidos hombres de Altamira.

Luego pienso que ignora el tiempo humano,
cuyo espejo espectral es la memoria.
El tiempo no lo toca ni la historia

de su decurso, tan variable y vano.
Intemporal, innumerable, cero,
es el postrer bisonte y el primero.



EL CÓMPLICE

Me crucifican y yo debo ser la cruz y los clavos.
Me tienden la copa y yo debo ser la cicuta.
Me engañan y yo debo ser la mentira.
Me incendian y yo debo ser el infierno.
Debo alabar y agradecer cada instante del tiempo.
Mi alimento es todas las cosas.
El peso preciso del universo, la humillación, el júbilo.
Debo justificar lo que me hiere.
No importa mi ventura o mi desventura.
Soy el poeta.



ELVIRA DE ALVEAR

Todas las cosas tuvo y lentamante
Todas la abandonaron, La hemos visto
Armada de belleza. La mañana
Y el arduo mediodía le mostraron,
Desde su cumbre, los hermosos reinos
De la tierra. La tarde fue borrándolos.
El favor de los astros (la infinita
Y ubicua red de causas) le había dado
La fortuna, que anula las distancias
Como el tapiz del árabe, y confunde
Deseo y posesión, y el don del verso,
Que transforma las penas verdaderas
En una música, un rumor y un símbolo,
Y el fervor, y en la sangre la batalla
De Ituzaingó y el peso de laureles,
Y el goce de perderse en el errante
Río del tiempo (río y laberinto)
Y en los lentos colores de las tardes.
Todas las cosas la dejaron, menos
Una. La generosa cortesía
La acompañó hasta el fin de su jornada,
Más allá del delirio y del eclipse,
De un modo casi angélico. De Elvira
Lo primero que vi, hace tantos años,
Fue la sonrisa y es también lo último.



EL ORO DE LOS TIGRES

Hasta la hora del ocaso amarillo
cuántas veces habré mirado
al poderoso tigre de Bengala
ir y venir por el predestinado camino
detrás de los barrotes de hierro,
sin sospechar que eran su cárcel.
Después vendrían otros tigres,
el tigre de fuego de Blake;
después vendrían otros oros,
el metal amoroso que era Zeus,
el anillo que cada nueve noches *
engendra nueve anillos y éstos, nueve,
y no hay un fin.
Con los años fueron dejándome
los otros hermosos colores
y ahora sólo me quedan
la vaga luz, la inextricable sombra
y el oro del principio.
Oh ponientes, oh tigres, oh fulgores
del mito y de la épica,
oh un oro más precioso, tu cabello
que ansían estas manos.

East Lansing, 1972



EL HACEDOR

Somos el río que invocaste, Heráclito.
Somos el tiempo. Su intangible curso
acarrea leones y montañas,
llorado amor, ceniza del deleite,
insidiosa esperanza interminable,
vastos nombres de imperios que son polvo,
hexámetros del griego y del romano,
lóbrego un mar bajo el poder del alba,
el sueño, ese pregusto de la muerte,
las armas y el guerrero, monumentos,
las dos caras de Jano que se ignoran,
los laberintos de marfil que urden
las piezas de ajedrez en el tablero,
la roja mano de Macbeth que puede
ensangrentar los mares, la secreta
labor de los relojes en la sombra,
un incesante espejo que se mira
en otro espejo y nadie para verlos,
láminas en acero, letra gótica,
una barra de azufre en un armario,
pesadas campanadas del insomnio,
auroras, ponientes y crepúsculos,
ecos, resaca, arena, liquen, sueños.
Otra cosa no soy que esas imágenes
que baraja el azar y nombra el tedio.
Con ellas, aunque ciego y quebrantado,
he de labrar el verso incorruptible
y (es mi deber) salvarme.



EVERNESS

Sólo una cosa no hay. Es el olvido.
Dios, que salva el metal, salva la escoria
y cifra en su profética memoria
las lunas que serán y las que han sido

Ya todo está. Los miles de reflejos
que entre los dos crepúsculos del día
tu rostro fue dejando en los espejos
y los que irá dejando todavía.

Y todo es una parte del diverso
cristal de esa memoria, el universo;
no tienen fin sus arduos corredores

y las puertas se cierran a tu paso;
sólo del otro lado del ocaso
verás los Arquetipos y Esplendores.



LABERINTO

No habrá nunca una puerta. Estás adentro
y el alcázar abarca el universo
y no tiene ni anverso ni reverso
ni externo muro ni secreto centro.

No esperes que el rigor de tu camino
que tercamente se bifurca en otro,
que tercamente se bifurca en otro,
tendrá fin. Es de hierro tu destino

como tu juez. No aguardes la embestida
del toro que es un hombre y cuya extraña
forma plural da horror a la maraña

de interminable piedra entretejida.
No existe. Nada esperes. Ni siquiera
en el negro crepúsculo la fiera.



LÍMITES

De estas calles que ahondan el poniente,
una habrá (no sé cuál) que he recorrido
ya por última vez, indiferente
y sin adivinarlo, sometido

a quien prefija omnipotentes normas
y una secreta y rígida medida
a las sombras, los sueños y las formas
que destejen y tejen esta vida.

Si para todo hay término y hay tasa
y última vez y nunca más y olvido
¿Quién nos dirá de quién, en esta casa,
sin saberlo, nos hemos despedido?

Tras el cristal ya gris la noche cesa
y del alto de libros que una trunca
sombra dilata por la vaga mesa,
alguno habrá que no leeremos nunca.

Hay en el Sur más de un portón gastado
con sus jarrones de mampostería
y tunas, que a mi paso está vedado
como si fuera una litografía.

Para siempre cerraste alguna puerta
y hay un espejo que te aguarda en vano;
la encrucijada te parece abierta
y la vigila, cuadrifonte, Jano.

Hay, entre todas tus memorias,
una que se ha perdido irreparablemente;
no te verán bajar a aquella fuente
ni el blanco sol ni la amarilla luna.

No volverá tu voz a lo que el persa
dijo en su lengua de aves y de rosas,
cuando al ocaso, ante la luz dispersa,
quieras decir inolvidables cosas.

¿Y el incesante Ródano y el lago,
todo ese ayer sobre el cual hoy me inclino?
Tan perdido estará como Cartago
que con fuego y con sal borró el latino.

Creo en el alba oír un atareado
rumor de multitudes que se alejan;
son los que me ha querido y olvidado;
espacio, tiempo y Borges ya me dejan.



ESPAÑA

Más allá de los símbolos,
más allá de la pompa y la ceniza de los aniversarios,
más allá de la aberración del gramático
que ve en la historia del hidalgo
que soñaba ser don Quijote y al fin lo fue,
no una amistad y una alegría
sino un herbario de arcaísmos y un refranero,
estás, España silenciosa, en nosotros.
España del bisonte, que moriría
por el hierro o el rifle,
en las praderas del ocaso, en Montana,
España donde Ulises descendió a la Casa de Hades,
España del íbero, del celta, del cartaginés, y de Roma,
España de los duros visigodos,
de estirpe escandinava,
que deletrearon y olvidaron la escritura de Ulfilas,
pastor de pueblos,
España del Islam, de la cábala
y de la Noche Oscura del Alma,
España de los inquisidores,
que padecieron el destino de ser verdugos
y hubieran podido ser mártires,
España de la larga aventura
que descifró los mares y redujo crueles imperios
y que prosigue aquí, en Buenos Aires,
en este atardecer del mes de julio de 1964,
España de la otra guitarra, la desgarrada,
no la humilde, la nuestra,
España de los patios,
España de la piedra piadosa de catedrales y santuarios,
España de la hombría de bien y de la caudalosa amistad,
España del inútil coraje,
podemos profesar otros amores,
podemos olvidarte
como olvidamos nuestro propio pasado,
porque inseparablemente estás en nosotros,
en los íntimos hábitos de la sangre,
en los Acevedo y los Suárez de mi linaje,
España,
madre de ríos y de espadas y de multiplicadas generaciones,
incesante y fatal.



LLANEZA


A Haydée Lange

Se abre la verja del jardín
con la docilidad de la página
que una frecuente devoción interroga
y adentro las miradas
no precisan fijarse en los objetos
que ya están cabalmente en la memoria.

Conozco las costumbres y las almas
y ese dialecto de alusiones
que toda agrupación humana va urdiendo.
No necesito hablar
ni mentir privilegios;
bien me conocen quienes aquí me rodean,
bien saben mis congojas y mi flaqueza.
Eso es alcanzar lo más alto,
lo que tal vez nos dará el Cielo:
no admiraciones ni victorias
sino sencillamente ser admitidos
como parte de una Realidad innegable,
como las piedras y los árboles.



SÁBADOS

Afuera hay un ocaso, alhaja oscura
engastada en el tiempo,
y una honda ciudad ciega
de hombres que no te vieron.
La tarde calla o canta.
Alguien descrucifica los anhelos
clavados en el piano.
Siempre, la multitud de tu hermosura.
A despecho de tu desamor
tu hermosura
prodiga su milagro por el tiempo.
Esta en ti la ventura
como la primavera en la hoja nueva.
Ya casi no soy nadie,
soy tan solo ese anhelo
que se pierde en la tarde.
En ti esta la delicia
como esta la crueldad en las espadas.

Agravando la reja esta la noche.
En la sala severa
se buscan como ciegos nuestras dos soledades.
Sobrevive a la tarde
la blancura gloriosa de tu carne.
En nuestro amor hay una pena
que se parece al alma.


que ayer solo eras toda hermosura
eres tambien todo amor, ahora.



LA ROSA

La rosa,
la inmarcesible rosa que no canto,
la que es peso y fragancia,
la del negro jardín en la alta noche,
la de cualquier jardín y cualquier tarde,
la rosa que resurge de la tenue
ceniza por el arte de la alquimia,
la rosa de los persas y de Ariosto,
la que siempre está sola,
la que siempre es la rosa de las rosas,
la joven flor platónica,
la ardiente y ciega rosa que no canto,
la rosa inalcanzable.



LAS COSAS

El bastón, las monedas, el llavero,
la dócil cerradura, las tardías
notas que no leerán los pocos días
que me quedan, los naipes y el tablero,

un libro y en sus páginas la ajada
violeta, monumento de una tarde
sin duda inolvidable y ya olvidada,
el rojo espejo occidental en que arde

una ilusoria aurora. ¡Cuántas cosas,
láminas, umbrales, atlas, copas, clavos,
nos sirven como tácitos esclavos,

ciegas y extrañamente sigilosas!
Durarán más allá de nuestro olvido;
no sabrán nunca que nos hemos ido.



LO NUESTRO

Amamos lo que no conocemos, lo ya perdido.
El barrio que fue las orillas.
Los antiguos, que ya no pueden defraudarnos, porque son mito y esplendor.
Los seis volúmenes de Schopenhauer, que no acabaremos de leer.
El recuerdo, no la lectura, de la segunda parte del Quijote.
El oriente, que sin duda no existe para el afghano, el persa o el tártaro.
Nuestros mayores, con los que no podríamos conversar durante un cuarto de hora.
Las cambiantes formas de la memoria, que está hecha de olvido.
Los idiomas que apenas desciframos.
Algún verso latino o sajón, que no es otra cosa que un hábito.
Los amigos que no pueden faltarnos, porque se han muerto.
El ilimitado nombre de Shakespeare.
La mujer que está a nuestro lado y que es tan distinta.
El ajedrez y el álgebra, que no sé.



UNA ROSA

De las generaciones de las rosas
que en el fondo del tiempo se han perdido
quiero que una se salve del olvido,
una sin marca o signo entre las cosas

que fueron. El destino me depara
este don de nombrar por vez primera
esa flor silenciosa, la postrera
rosa que Milton acercó a su cara,

sin verla. Oh tú bermeja o amarilla
o blanca rosa de un jardín borrado,
deja mágicamente tu pasado

inmemorial y en este verso brilla,
oro, sangre o marfil o tenebrosa
como en sus manos, invisible rosa.



VERSOS DE CATORCE

A mi ciudad de patios cóncavos como cántaros
y de calles que surcan las leguas como un vuelo,
a mi ciudad de esquinas con aureola de ocaso
y arrabales azules, hechos de firmamento,

a mi ciudad que se abre clara como una pampa,
yo volví de las viejas tierras antiguas del Occidente
y recobré sus casas y la luz de sus casas
y la trasnochadora luz de los almacenes

y supe en las orillas, del querer, que es de todos
y a punta de poniente desangré el pecho en salmos
y canté la aceptada costumbre de estar solo
y el retazo de pampa colorada de un patio.

Dije las calesitas, noria de los domingos,
y el paredón que agrieta la sombra de un paraíso,
y el destino que acecha tácito, en el cuchillo,
y la noche olorosa como un mate curado.

Yo presentí la entraña de la voz las orillas,
palabra que en la tierra pone el azar del agua
y que da a las afueras su aventura infinita
y a los vagos campitos un sentido de playa.

Así voy devolviéndole a Dios unos centavos
del caudal infinito que me pone en las manos.



LOS ENIGMAS

Yo que soy el que ahora está cantando.
Seré mañana el misterioso, el muerto,
el morador de un mágico y desierto
orbe sin antes ni después ni cuándo.

Así afirma la mística. Me creo
indigno del Infierno o de la Gloria,
pero nada predigo. Nuestra historia
cambia como las formas de Proteo.

¿Qué errante laberinto, qué blancura
ciega de resplandor será mi suerte,
cuando me entregue el fin de esta aventura

la curiosa experiencia de la muerte?
Quiero beber su cristalino olvido,
ser para siempre; pero no haber sido.



FINAL DEL AÑO

Ni el pormenor simbólico
de reemplazar un tres por un dos
ni esa metáfora baldía
que convoca un lapso que muere y otro que surge
ni el cumplimiento de un proceso astronómico
aturden y socavan
la altiplanicie de esta noche
y nos obligan a esperar
las doce irreparables campanadas.
La causa verdadera
es la sospecha general y borrosa
del enigma del Tiempo;
es el asombro ante el milagro
de que a despecho de infinitos azares,
de que a despecho de que somos
las gotas del río de Heráclito,
perdure algo en nosotros:
inmóvil.



A LUÍS DE CAMÕENS

Sin lástima y sin ira el tiempo mella
las heroicas espadas. Pobre y triste
a tu patria nostálgica volviste,
oh capitán, para morir en ella

y con ella. En el mágico desierto
la flor de Portugal se había perdido
y el áspero español, antes vencido,
amenazaba su costado abierto.

Quiero saber si aquende la ribera
última comprendiste humildemente
que todo lo perdido, el Occidente

y el Oriente, el acero y la bandera,
perduraría (ajeno a toda humana
mutación) en tu Eneida lusitana.



A QUIEN ESTÁ LEYÉNDOME

Eres invulnerable. ¿No te han dado
los números que rigen tu destino
certidumbre de polvo? ¿No es acaso
tu irreversible tiempo el de aquel río

en cuyo espejo Heráclito vio el símbolo
de su fugacidad? Te espera el mármol
que no leerás. En él ya están escritos
la fecha, la ciudad y el epitafio.

Sueños del tiempo son también los otros,
no firme bronce ni acendrado oro;
el universo es, como tú, Proteo.

Sombra, irás a la sombra que te aguarda
fatal en el confín de tu jornada;
piensa que de algún modo ya estás muerto.



A UN VIEJO POETA

Caminas por el campo de Castilla
y casi no lo ves. Un intrincado
versículo de Juan es tu cuidado
y apenas reparaste en la amarilla

puesta del sol. La vaga luz delira
y en el confín del Este se dilata
esa luna de escarnio y de escarlata
que es acaso el espejo de la Ira.

Alzas los ojos y la miras. Una
memoria de algo que fue tuyo empieza
y se apaga. La pálida cabeza

bajas y sigues caminando triste,
sin recordar el verso que escribiste:
Y su epitafio la sangrienta luna.

Tuesday, February 9, 2010

FRANTIŠEK HRUBÍN (1910-1971)



SONETOVÉ CYKLY
              Bedřichu Fučíkovi
1

Když vítr zhasil světla v ulicích,
vráželi chodci do svých vlastních stínů,
domů si cizích tváří pavučinu
nosili mlčky místo tváří svých,

a staré město teprv napůl spalo,
do sklepů zachouleno jako dnes,
tak nesvé, že je vichr popones
a mnoho nocí dál, než prve stálo,

a jako starý papír na podpal,
na podpal ohně pro zem bez noclehu,
rozhodil kolem města pole sněhu,

dunivý vichr, který se tu hnal
před ránem, které ještě nenadešlo,
v ulicích města, jímž mé mládí přešlo.


2

V ulicích města, jímž mé mládí přešlo,
sám sebe straním se jak cizince,
a slovo, jež se do úst dětských vešlo,
velké, tak velké je mé vzpomínce:

Matka! A já, syn země, orlí matky,
jež vypadla až k stáru z hnízda hor,
nad jejíž hlavou hnal se dětí spor
a v křiku vrabců vrací se k ní zpátky,

nevidím pro tmu, která v ulicích
pro zátah velké hrůzy klade sítě,
a klesám, s městem na ramenou svých,

ale včas, luno, mrazy zasklily tě
a do rahnoví větrů, časům svítě,
zdvíhá tě Pán: z tmy vykrojený sníh.


3

Zdvíhá tě Pán: z tmy vykrojený sníh -
do tváře svítí zemi otců mých
a město přivírá se jako oko
pod čelem Čech vsazené přehluboko.

Než jasu zvykne, zalesklo se v něm
a nerozezná, zdali tys to, Pane,
kdo děsí za studeným plamenem,
za zmrzlou slzou slunce, která kane

na spící tvář mé země. Zdali tys,
kdo za zády nám smazal půdorys
díla, jež z rukou nepravých by vzešlo,

kdo zatajil nám rozhodnutí svá
a k lačným ústům temnot nahýbá
džbán, do něhož se trochu slunce vešlo.


4

Džbán, do něhož se trochu slunce vešlo,
houba, jež sluncem nasákla - a v ní
žluč léta, které ještě neodešlo,
podáváš zemi, než se rozední,

zemi, jež kdys ti tkala závoj slávy.
A město mlčí jak prastaré stavy
a člunky věží zanáší už prach -
Vylidnils noc a v jejích prostorách

tiše se chvěje slabé zapípání
děťátek, která v této hodince
k tobě se, Bože, modlí prostince -

a mrazy svlékají nás k bičování
pod nebem, na němž obnažuje smrt
kloub světla, který hnětl zem a ztvrd.


5

Kloub světla, který hnětl zem a ztvrd,
koleno smrti, jež tu klečíc žala -
Noc morná pro žeň, která neustala,
mlat země uklízí a napadrť

váš, lampy, drtí jas a rozhazuje
hraničky v krbech, shnilé povětří
ze starých měst až na kost vyškrabuje,
chudáků ani sytých nešetří -

tak jí to radí bába zima,
která, vran mžitky před očima,
z herbáře tlících krajin začla číst,

a mezi listy zasněžených plání
ty vkládáš ještě nepopsaný list:
průsvitný papír bledosti, zlá paní!


6

Průsvitný papír bledosti, zlá paní,
rozvinula jsi tiše nad městem
a život kreslíš, jenom jako zdání,
z paměti, kterou ztrácí stará zem -

a slité zvony znovu zavěšují
do věží chrámů dávno sesutých
a prámy, popel už, přes řeku plují
a na břeh mrtví seskakují z nich,

mrtví, jimž tlukot srdce na chvilinku,
prodloužil zvon a jejichž rukou svit,
svit pohozených listů z tvého vínku

mou nocí letí. Tíhu: vyslovit
tvé jméno jinak, Luno, Smrti, Paní -
na moje čelo kladeš místo spaní.


7

Na moje čelo kladeš místo spaní
kamenný jas - ó moci nadzvednout
ten mramor světla z pahorků a strání,
než sesypou se domy jako troud!

A nebe k jaru dýchá celou zemí,
až na místo, jež zvápenatělo,
až na tvé město, Svatý pod věžemi,
kterýs tu čekal, až se dochvělo

vlnění řeky nad zmučeným tělem.
Nevěrné mrazí v srdci vyhořelém,
jim skrojek země svatojánské ztvrd

a zvou tě aspoň na kraj srdce svého.
Bdím s jejich hrůzou tam na konci všeho
a vrásky mé si obkresluje smrt.


8

A vrásky mé si obkresluje smrt -
Na loži svém se obracejí spáči
a z věží slyší bíti každou čtvrt,
jak pod hlavou je hrášek hrůzy tlačí.

Ó matko spánku, spánku bez hranic,
dítě, jež voláš: matko! na bezdětnou,
prabábo zdřímnutí, v němž poodlétnou
ruce, jež prachu unesly by víc -

dnes ještě ne! Pro slavné vyhrávání
mráz napjal struny cest, že skřípe až
hlas domova, jak hejno krajin shání -

a vysoko v něm, smrti, dozníváš -
A v náručí tvém, bolesti a něho,
spí město, město lidu královského.


9

Spí město, město lidu královského,
i v nejmenším svém kameni, jenž rost
tak vysoko, až k zvonům věží jeho.
V tichu, jež zpátky přešlo starý most,

hluboce spí. Dej, Bože, aby spalo,
jak nespalo už dlouho! Jenom střez
ten jeho sen, v němž proud je popones
o mnoho nocí blíž, než prve stálo!

Dávný zpěv bez úst stoupá nahoru
a tvůj chrám o hlubokém ponoru
s posádkou králů brázdí moře noci -

Stůj, Bože, jejich cestě ku pomoci!
Město spí, naše domovy bdí v něm
a ze všech stran se k němu žene zem.


10

A ze všech stran se k němu žene zem
s kolébkami i s hroby, v kterých ztichla,
tak opatrně, aby nárazem
ani smrt, ani život nevyšplíchla,

a rozhrnuje hvězdné závěje
z daleka kraje své zvouc na poradu,
že se už pod královským srdcem hradu
pohnulo dítě, dítě naděje.

Po malé řece chvátá peřejemi
i můj kraj, aby též byl mezi všemi,
a spěchá sem, rostenec chudoby,

v té noci, která sahá za hroby,
sem, k tomu městu lidu královského,
s úzkostí naslouchat u srdce jeho.


11

S úzkostí naslouchat u srdce jeho,
můj rodný kraji, dáno je ti též,
sluneční slámu z patra nebeského
už dávno jsi do jeslí zimy snes

a teplo chlévů, které léta schrání
dech telátek, když usnou po klekání,
dnes otevřeš - A stádo vesnic tvých
tlačí se nechtějíc být z posledních

a vody tvé tak vlnu k vlně vinou,
že staly se už vodou Vltavinou
a světlem luny zakládají lem

té noci, která čeká nad krajinou,
až Narodí se -Jak se chvěje zem!
Pod lunou ticho, pěna pod jezem.


12

Pod lunou ticho, pěna pod jezem -
A luna taje na plameni sněhu.
Táhne sem zástup krajin bez noclehu
a jejich pouti prostřena je zem.

A mnohé z nich se k sobě tisknou zimou
a sdělují si drobné strasti své,
ty z daleka pod nůší lesů dřímou
a necítí už říčky ozáblé

a těm, co kolem tebe vyrůstaly
a pro tvé chrámy vyrvaly si skály
a hřbitovy tvé nesou na křídlech,

těm neujde už ani jeden vzdech,
je tíží jako tebe, město spící,
ticho, jež tolik zemi chtělo říci.


13

Ticho, jež tolik zemi chtělo říci,
průhledné ticho a na jeho dně
s pískem hvězd srůstáš, město ještě spící,
tak jako kámen z dávné povodně.

Ze sklepů jako rozbíjené sklenky
zvoní smích žen, jež tančí bez čelenky,
a jako na ně, které hodil čas
pustošícímu vichru napospas,

na zem se sype kamení, až sténá,
kamení náhrobků už beze jména,
na zem, jež mrtvých zapomínajíc,

ruměnec vinic znala jen - Ach víc
žeň, Bože, krve pro stud do mdlých lící
té zemi v kořenech se sbírající.


14

Té zemi v kořenech se sbírající
život, v němž s námi věčně prodléváš,
z kolébky do kolébky přeléváš
a střežíš to, co neumíme stříci.

Dávný zpěv bez úst stoupá nahoru
a tvůj chrám o hlubokém ponoru
s posádkou králů brázdí moře noci.
Stůj, Bože, jejich cestě ku pomoci!

Město spí, naše domovy bdí v něm
a ze všech stran se k němu žene zem,
zem, která věrným zapírá své mdloby,

jak se jí k srdci nahrnuly hroby -
Město spí, město klopýtajících,
když vítr zhasil světla v ulicích.


15 (mistrovský sonet)

Když vítr zhasil světla v ulicích,
v ulicích města, jímž mé mládí přešlo,
zdvíhá tě Pán: z tmy vykrojený sníh,
džbán, do něhož se trochu slunce vešlo,

kloub světla, který hnětl zem a ztvrd.
Průsvitný papír bledosti, zlá paní,
na moje čelo kladeš místo spaní
a vrásky mé si obkresluje smrt.

Spí město, město lidu královského
a ze všech stran se k němu žene zem
s úzkostí naslouchat u srdce jeho.

Pod lunou ticho, pěna pod jezem,
ticho, jež tolik zemi chtělo říci.
Té zemi v kořenech se sbírající.


převzato z: Tvar, 1944, 3. Vydání.

Sunday, December 27, 2009

WILHELM LEHMANN (1882-1968)




Sonnenwende

In zarte Schlinge faßt den Fuß,
Den staubigen, das Zittergras.
Mir deucht die Wasserprimel blaß
Von langen Tages langem Kuß.

Da schon die Rosenkrone fiel,
Die Ulmennuß, der Ahornstiel,
Nimmt sie ein Wind sich noch zum Spiel
Auf ihren letzten Wegen.
Mit Mottenleib und Fliegenrest
Hält sie der Spinnenfaden fest.
Die Hitze kocht den Spinnenstrick
Im überhellen Mittagslicht
So hell, daß mir das Auge bricht;
Er schlingt sich auch um mein Genick,
So will ich mich nicht regen.

Mein Haar, dem Wind ein Zeitvertreib,
Mit Rosenkrone, Fliegenleib,
Mit Ulmennuß und Ahornstiel
Und mit dem Grashalm, schnell gemäht,
Vom Spinnenfaden eingenäht,
Kann ich mich nicht mehr regen -
Mit allem, was dem Staub verfiel
Und dem die Schönheit nichts genützt,
Von nichts als vom Gedicht beschützt
Auf allen meinen Wegen.




Im Winter zu Singen

Die Jäger spannen die Tellereisen,
Die Füchse entwischen.
Der Südost nietet die letzte Spalte
Über Aalen und Fischen.

Aus Lappland flogen die roten Drosseln,
Ihre Stimme fällt weich wie Schnee.
Kein Messer schneidet den Schlaf der Erde,
Auch der Maulwurf tut ihr nicht weh.

In weiser Ohnmacht werden die Larven
Für andere Zeit bewahrt.
Den trächtigen Schafen wächst das Euter,
Den Ziegenböcken der Bart.

     (datiert 25.1.1929)



Ahornfrüchte

        an Oskar Loerke

Gleich Sarazenensäbeln hängen
Die Ahornfrüchte bündeldicht.
Still ist es in der Weltenkammer,
Das Weltgeschrei bewegt sie nicht.

Wildhüter sagte mir der Bauer,
Sie brauchten nicht die dünne Frucht.
September trocknet ihr die Flügel,
Ein Kind hat sie zum Spiel gesucht.

Der Star, von Kälberrücken schnurrend,
Pickt nach den Schwertern, läßt es wieder;
Geweih des Hirsches streift sie müßig -
Sie glänzen, Ungebrauchte, nieder.

Ich aber brauche sie. Durch Erde und durch Himmel
Zückt meine Hand sie. Dem Getümmel
Der Menschen unsichtbar zieht meines Schlages Spur -
Sie glänzen grün und kupferrot. Von ihrer Klinge raucht
Kein Blut. Im Schlaf sich rührend, unverbraucht,
Die Schwerter sie des Dichters nur.

     (datiert 3.-6.9.1933)




Oberon

Durch den warmen Lehm geschnitten
Zieht der Weg. Inmitten
Wachsen Lolch und Bibernell.
Oberon ist ihn geritten,
Heuschreckschnell.

Oberon ist längst die Sagenzeit hinabgeglitten.
Nur ein Klirren
Wie von goldnen Reitgeschirren
bleibt,
Wenn der Wind die Haferkörner reibt.

     (datiert 28.7.1934)



Pappellaub

Es rauscht.
Wo kommt es her?
Das Laub der Pappel rauscht, als seien Blätter Meer.
Da niemand lauscht,
Laß mich es tun,
Den Kopf im Nest des Armes ruhn.

Die wilden Möhren
Blühn zu den Chören
Der Schlußgesänge
Im Mönchsgedränge
Des Starenschwarms.
im Nest des Arms
Hör ich, es schallt:
Der Somme wird alt.

Es rauscht.
Das Laub der Pappel rauscht, als seien Blätter Meer.
Sie schweigen, warten, schallen voller her,
Als freue sie, daß jemand lauscht.

     (Erstabdruck FAZ 8.8.1941)



Blick auf Rom

Im Boden verschollen
Triumphgeschrei, Geheul und Gelächter,
Alle Opfer und alle Schlächter.

Dann weideten hier Kühe und Geißen,
Campo caprino, campo vaccino.

Die aufgeweckten Steine hilft mein Fuß verschleißen.
Wohin vergehe ich? Wage ich, noch zu bestehn?
Teerose, Pfirsich geben ihre Farben der römischen Vedute;
Das Mauersims besteigt der Feigenbaum mit immer wiederholtem Mute.

Über der Peterskuppel seh ich sich drehn
Eine Säule Zugvögel,
Des Weges gewiß, so tüchtig wie flüchtig.
Ich wage es, noch zu bestehn.


     (Erstabdruck Deutsche Zeitung 9.11.1959)




Sperber aus Stein

Laß nicht den Tod das Ende sein,
O falle mir noch wieder ein!
Er werde steinig nachgelebt,
In Fleisch und Blut so rasch verschwebt.

Die heilig wilde Wohlgestalt
Gräbt frühe Hand aus dem Basalt:
Den Blick, den nur die Ferne lockt;
Den Schrei, der in der Kehle stockt;
Die Schwinge, lässig angedrückt,
Von Leidenschaft nicht mehr gerückt.
Der Schnabel Sichel, Dolch der Fang:
So sitzt er ein Jahrtausend lang.

Das dauerhafte Protokoll
Liest spätes Auge andachtsvoll.
Verschlossen der basaltne Schrein,
Verschwiegenes Gedenkemein.

Wenn du für alle Zeit versteinst
Und nichts mehr willst von Da und Einst,
Vielleicht, daß doch mein Hier und Jetzt,
Wie Schlafenden ein Traum, dich letzt.

     (Erstabdruck FAZ 24.3.1965)



Letzte Tage

Ausgelaufen ist der Krug.
Erde spricht, es ist genug.

Chrysanthemen hat ein Freund vors Bett gestellt,
Lockenhäupter, Würzgeruch der Welt.

Ehe meine Finger kalten,
Fühlen sie die Lust, die Stengel festzuhalten.

Halt ich so das letzte Stück der Zeit noch aus,
Bringt das große Qualenlose mich nach Haus.

Wednesday, December 9, 2009

JAN SKÁCEL (1922-1989)


ΕΠΙΛΟΓΗ ΠΟΙΗΜΑΤΩΝ


Vteřina v lednu


A den je tichý, křehký jako skořápka.
Uvnitř je slunce, také celé bílé.
I sníh je bílý, stromy, střechy, sníh.
I tato vteřina, i tato bílá chvíle.


******************


Stopadesátý sonet o jaru


Jaro je tak křehké
až se světlo láme
pomalu
slimáčími růžky

se odhodlává tráva
listí má prsty
k zemi svěšené
a ráno nepřestává

po celý den
a trvá přes půlnoc
a do poslední chvíle

na větvi hlohu
zpívá v dešti kos
a šílený je


******************


Modlitba za vodu


Ubývá míst kam chodívala pro vodu
starodávná milá
kde laně tišily žízeň kde žila rosnička
a poutníci skláněli se nad hladinou
aby se napili z dlaní

Voda si na to vzpomíná
voda je krásná
voda má
voda má rozpuštěné vlasy
chraňte tu vodu
nedejte aby osleplo prastaré zrcadlo hvězd

A přiveďte k té vodě koníčka
přiveďte koně vraného jak tma
voda je smutná
voda má
voda má rozcuchané vlasy
a kdo se na samé dno potopí
kdo potopí se k hvězdám pro prstýnek

Voda je zarmoucená vdova
voda má
voda má popelem posypané vlasy
voda si na nás stýská


******************


Rozhovor


Jak se ti daří můj milý?

Jako stromečku,
ke kterému přivázali ovečku,
aby nezaběhla do černého lesa
a zlý vlk nevydal se za ní.

A jak se daří mé milé?

Jako břízce bílé,
která se ve větru klaní,
klaní, klaní.


******************


Na slunci


Povříslem hrubým svázalo nás slunce.
Ó, jak bodají
osiny žhavé. Když jsi ruce zvedla,
zakroužil smolný dým

tak hoří dřín, tak modřín v ohni praská,
uťatý smrček, jenom břízka ne.
Tak mokrým dřevem prohořívá láska,
dříve než plamen k slunci vyšlehne.


******************



Krátký popis léta

Požáry Ze čtyř stran hoří léto


Omamně kvetou akátové háje
zelená duše vína doutná na vinicích
krvácí vlčí máky v obilí

Přichází tma
a po stříbrném mostě kráčí luna

Svět je jak chleba vytažený z pece
a noc ujídá


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Sonet o lásce a modrém portugalu


A bývalo i hrozně na vinici
Na věky sami Černé hlavy vína
ležely sťaté lidský život byl
perenospora marná prašivina

A přece láska jako modrá skalice
ta krásná dřina k uzoufání
nás zachránila Dozrál vinohrad
pod tíhou hroznů čas se sklání

Zas konec léta Zas je blízko k vínu
a čistý vítr zpívá o podzimu
tak jako tenkrát dávno kdysi

Ať život sklání se či nesklání
dny lásky jsou jak sklepy ve stráni
lisovny s dubovými lisy

a je to prosté jako zázrak
a jako věčnost ve chvíli
kdy zase znovu nebudeme
jako jsme předtím nebyli

maminko nejsi je to dávno
a my jsme malou chvíli zbyli
udělali jsme toho málo
a ani smrt jsme nezabili

až temno světlu ustoupí
ta stará prosba stále tkví
jak zbytek rzi a jako v snách
na slunečních ach hodinách

dospělé básně chodí vzpřímené
čtyřverší ale čtyřverší má krátká
přicházejí za mnou po čtyřech
jak ovečky a oslík nebo pacholátka

člunek je rychlý a nit nekonečná
v osnovu věčnou věčný tkadlec tká
i pády hvězd i léto podzim zimu
jestřába na nebi a žlutá housátka


******************


Naděje s bukovými křídly


novému ránu rožnem svíci
je neznámé a nemá tváře
jak anděl v dřevu lípy spící
a čekající na řezbáře

někdy se anděl na nás hněvá
anděla máme každý svého
a naděje má z buku křídla
a srdce z dřeva lipového


******************


Chvíle


Za žádnou pravdu na světě.
Ale jestli chceš,
za malý pětník ticha.

Je chvíle, která půlí krajinu.

Pokorný okamžik,
kdy někdo za nás dýchá.


******************


Mrtví


Stále jsou naši mrtví s námi
a nikdy vlastně nejsme sami

A přicházejí jako stíny
ve vlasech popel kusy hlíny

Tváře jakoby vymazané
a přece se jen poznáváme

Po chrpách které kvetly vloni
slabounce jejich ruce voní

Tiše mne zdraví jako svého
hrbáčka času přítomného


******************


Poděkování


Poděkujme jak děti za jablko
za vše co bývalo a znovu kdysi bude
za to že věrná po dni přichází noc
za zarputilé ráno

Poděkujme jak děti za jablko
za to že příští dávno je už za námi
že nás měl čas
jak rybář rybu v síti

Poděkujme jak děti za jablko
a bez výčitek bez pokorné pýchy
za radost která pomohla nám přebolet
za odebraný dar

Poděkujme jak děti za jablko


******************


Babí léto


Včera letěl vzduchem první bílý vlas.
Zazvonil,
když zvolna k zemi padal-
a slova,
hrubá, nepokorná slova
v hrdle uvázla mi jako rybí kost.

Mé léto,
ty už také šedivíš?

Je tomu tak
a podzim přijde zítra.
Zas celé stromy budou odlétat,
zas ptát se budem,
kam a komu vstříc.
A ticho, chudé jako polní myš,
tu a tam za zády nám pískne.

Mé léto,
ty už také šedivíš?


******************


Cesta k nám

Je to tak snadné najít cestu k nám...

Okolo potoka,
po kterém pírko plave,
přes zídku přelézt,
nadejít si humny,
na mostku postát,
nad hučícím splavem
slovíčka hledat vhodná pro pěnu,
zase je zahodit
a jít,
jít,
na cestu uříznout si hůl,
spočítat hvězdy,
v lese zabloudit,
tmu jako plnou fůru sena
před sebou tlačit
a místo náprav
uslyšet ze sna sténat ptáky.

Je to tak snadné najít cestu k nám.


******************


Dům


Až se můj život schýlí,
nakloní,
takový přál bych si mít dům:

Dubový by měl práh,
podrovnávku z opuky,
do sadu okno,
sadu starého
s babičkou bílou, vetchou jabloní.

Můj dům by měl dveře bez petlice
a okna nezasklená,
aby každý mohl vejít dovnitř,
slepice s kuřaty,
déšť, vítr, mlha,
moje milá,
s radostí žal i vážná, tichá chvíle.
Nikdo by třikrát klepat nemusel,
nikdy by zámek nezaskřípěl.

Okolo mého domu
takovou vybral bych si krajinu:

Les, co by děcko dohodilo kamenem,
pod lesem rybník, hladký jako dlaň,
kterou jen práce větru občas zvlní,
lán pšenice, šeptající lán,
nad pšenkou nebe
se stříží obláčků,
s chomáči nečesané vlny.

Blizoučko mého domu
taková by stála hospoda:

Proboha jen ne malovaná,
zato však se stoly,
na kterých spočinuly ruce
tolika unavených lidí,
že vyhladily desku,
jak by to žádný hoblík nedokázal.

V té hospodě by nikdo nesměl kázat
o tom, co hledal a co nenalezl,
podkůvce ztracené,
promlčeném stesku,
o tom, jak těžko slavíka lapit,
jak život utíká a kolik ještě dní...

V mé hospodě mlčeli by chlapi,
kteří se nahlas mluvit nebáli.


******************


Chci to slyšet


Na dně každé písně,
i té nejsmutnější,
na dně každé sklénky
něco tiše cinká.

Někdy víc
a jindy jenom málo.

Chci to slyšet.
Bůhví co mne nutí,
ale musím čekat na cinknutí,
jinak by se moje srdce bálo.


******************


Kvetoucí alej


V aleji bílé
tajili jsme dech.
Jak sníh ležely květy
vysoko na stromech.

A každý strom
tu pyšně život slavil
a třímal bez únavy
rozkvetlou sílu svou.

Slova jsem lámal
jak kámen v starém lomu.
Má žena řekla jen:
Chtěla bych žít v tom stromu.


******************


Rozchod


Jsme sami,
jako by nám někdo ublížil.
Marně po kapsách hledám,
co bych ti mohl dát.

Ale to není bolest
podle mojí chutě
a v hájích při Moravě
jinačí konce bere láska.

Pod lesem pádil listopad
jak jelen bez hlavy.
Tělo měl huňaté
a vyválené v listí.

Padalo,
padalo v lese habrovém,
bez stenu kroužilo
a jelen bez hlavy
pod lesem hnal
na tenkých nohách
tryskem.

Běžel a běžel,
v polích uháněl,
krev na slabinách,
hlavu uťatou.


******************


Celá v bílém


Vím, že někde čeká,
čeká na každého.
Potom nebudu.
Na někoho čeká pod jabloní
a na ty pyšné hlavy
u dubu.

Možná, možná je to složitější,
než si myslí kluci
v naší vesnici.
Je to jako tvoje bílé šaty
na asfaltové silnici.

Možná je to druhá strana ticha,
možná zakřičí to roztoužený páv
daleko,
až za Egejským mořem.

A třeba blízko,
tady
v zahradách.


******************


Večer

Na nebi sbírá se vítr,
zítřejší nachový vítr,
a znova láska,
znova, odedávna
zpovzdálí překáží smrti.



******************


Jižní Morava


Ať se kdo chce rýpe v našich vinách,
překrásné jsou noci na rovinách,
když sládnou marhule
a v polích tvrdne rež.

Když noc je vysoká, když z noční šibenice
viselec visí,
obral u silnice

o lásku člověka a visí pro krádež.


******************


Co je k ponechání


Zas je tu jaro, zatím naznačené,
tak trochu trpké jako dým.
Rozmýšlím, co je k ponechání,
a mrtvé listí uklízím.

Tak tomu je a vždycky to tak bylo.
A je to zákon. Moc to vím.
Je mi jen líto utínaných větví
a loňská hnízda neshodím.


******************


Přípitek


Ještě si přiťukneme
a vypijem to tiše.
Nikomu nepovíme,
co víno o nás zná.

A spadne hvězda.
Tenká jako plíšek.
A voda blízko mostů
bude stříbrná.


******************


Modlitba


Studánku dej mi blízko u lesa
A nehlubokou Jenom na dlaň vody
A do ní žabku která vodu čistí

Na podzim povybírám napadané listí
V zimě se budu starat aby nezamrzla
A v srpnu zavedu tam lidi žíznivé

A to je všechno Snad je v moci tvé
Udělat pro mne malý důlek vody
Ve kterém by se odrážela nebesa


******************


Čistota


Září A lovec s rozlomenou puškou
Toulá se při okraji lesa Ze strnišť
Divoké husy vracejí se v klínech
Ve starých básních jako v zahradách
Tlumené pády plodů Ticha nesbíraná


******************



Andělé


Jestli vám vydám všechny svoje čerty
odejdou s nimi moji andělé

Zůstanu sám a bude mi to líto
a ptát se budu kde je naděje

A marně za mne z rozbořených zvonic
dřevěné zvony budou vyzvánět

Zelené sněhy nedosněží
andělé bílí nevrátí se zpět


******************


Hrdla


Hořelo na předměstí
a sklánělo se k zlu
Na sladkých mořích lodě
troubily na hrůzu

To víno bylo
nakyslé trošinku
a mělo na dně
zelenou hořčinku

Vonělo kopřivami
a bylo samé zvaní
ve zmítaném listí
holubi ubývali

Na sladkých mořích den
trval po celou noc
Parníky odplouvaly
ledovcům na pomoc


******************


Píseň o nejbližší vině


Je studánka a plná krve
a každý z ní už jednou pil
a někdo zabil moudivláčka
a kdosi strašně ublížil

A potom mu to bylo líto
a do dlaní tu vodu bral
a prohlížel ji proti světlu
a moc se bál a neubál

A držel ale neudržel
tu vodu v prstech bože můj
a v prázdném lomu kámen lámal
a marně prosil; kamenuj

A prosil ale neuprosil
a bál se ale neubál
a studánka je plná krve
a každý u ní jednou stál



******************


Sonet o červencové noci na Vysočině


Večer si lehá tiše do polí
Na kamenech se leskne zlatá slída
Měsíc jak chromý pastýř o holi
jedinou hvězdu nad dědinou hlídá

Od potoka je slyšet rozhovor
Z hospody domů vracejí se chlapi
a přou se potmě Něco je moc trápí
Noční chlad dotýká se hor

Posléze všechno ztichne Naprosto
Jen slepá můra do žárovky vráží
Na chvíli vyjdeme si na zápraží

a ohromí nás noci majestát
Tisíce hvězd Ach byli bychom s to
po celou noc pod tímto nebem stát


******************


Uspávanka


Potom se opřel o žízeň
a prosil
aby nepřestala
A obával se toho mála
Bál se jak dítě
Moc se bál

A kde se vzala tu se vzala
stařenka smrt se přištrachala
s hliněným džbánem
svěží vody

A on se napil
Popel dní
opláchl se rtů
všechnu trýzeň
tím douškem smyl
a nenechal
si vůbec nic

Už ani žízeň


******************


Verše psané na starý i nový způsob

Vlaštovko nesmíš nás vynechat
tak jako já se nesmím ptát
a marně marná slova ztrácet
jestli je pro mne dobrá dost
ta zem kde noc tak trpce voní

Pro její staré něžné rány
sám zraněný a rozedraný
musím se vyptávat sám sebe
jestli jsem dosti dobrý pro ni

Vlaštovko nesmíš nás vynechat
až na jaře se budeš vracet


******************


Ocúny


Za řekou lesy v tichých mukách
svlékají potrhaný šat
a chystají se odlétat

Bojíme se že osamíme
na steskem podmáčených lukách

Bývá nám úzko v ony dny
kdy lužní háje jsou jak svaté
a v trávě rostou jedovaté

bledé a křehké ocúny


******************


Večer


Pěšiny vedou do polí
a končí
kde nic nebolí
a jabloně jsou plané

A měsíc
bílý srpek dne
vyžírá ticho z kamene
a říká neříkané


******************


Bez názvu


Babího léta dlouhá nit
bílá a za časného rána
z obruby léta odpáraná
nutí nás přemýšlet a snít

Ve chvíli žluté jako dým
kdy léto naposledy klame
do jehel ticho navlékáme
do jehel s ouškem zlomeným


******************


Zimní krajina srdce


Na stromech černé plody zimy
země až na kost
prázdno
dálka

A zůstat sám a mezi svými
jak nad zamrzlou vodou lávka

Thursday, October 8, 2009

JAROSŁAW IWASZKIEWICZ (1894-1980)


Amore profano

Kotara da nam światło zielone jak woda.
Smuga słońca nam powie, że jest nieskończoność,
Spokojnego odblasku twardawa łagoda
Spłynie na twoje ciało jak jasna zieloność.

Na sinym aksamicie będziesz jak morela,
Wyłuskana z szat wszelkich, spokojnie okrągła.
Przyłożę do twych piersi gestem menestrela rękę,
a pierś twa zadrży jak struna pociągła.

Gdy palcem znajdę ust twych jedwabną oponę,
Gołębie złotych blasków przelecą sufitem
I roztopią się w oknie - pachnącym błękitem.

Zielenią zadumaną i żółcią karmione.
Wreszcie na bladych okien wodniste zasłony
Upadnie siny wieczór w czarną noc zmieniony.



Świątynia w Segeście

To już ty! Niby mądra dobrotliwa twarz
Złożona na znużone zielonkawe dłonie!
Twoich kolumn ognisko w ciężkim słońcu płonie,
Na zielonej przełęczy, samotnico, trwasz.

Góry niebieskie, niebo sine trzyma straż
Kiedy uniosą słońce w noc miedziane konie;
Umierasz wieczornym życiem w milczenia koronie
Mówiąc samotnej nocy greckie "Ojcze nasz".

Świątynio, nie dość z tobą półumarłym być
I cienie twojej śmierci wdychać dobroczynne -
Trzeba nam twoje słońce dzbanem wina pić

I kolumn kości zmienić w struny miodopłynne,
Śmierć bo lotna i krótka. Trzeba życiem żyć,
Nie twoim, Jarosławie - ale Życiem Innym.



Jesień w Warszawie


W alejach białe obserwując pieski,
Oglądam spadające chrupliwe kasztany,
Którymi się zachwycał gdzieś tam Miłaszewski.
Gdybyż park na błękitno był pomalowany!

Ultramaryny dreszcze na szarym asfalcie!
Szaro się podesłała pod stopy ulica.
Ćmy złotych liści, tylko się nie spalcie:
Stolica!

Mgliste aleje i miękkie futerka,
Niskie obłoki, smak węgierki chłodnej.
Chodniki: dziwna dymów, serc rozterka.
O jakiż jestem głodny!

Pomiędzy już nadpsute zabłąkane dalie
Rzymianka-warszawianka, jak z chaty Ewandra,
Syn żołnierza wita, przeginając talię
Na posiniałym placu szaro - Aleksandra.

Za chwilę znowu jesień i Nowy Świat w mgłach,
Wąska, wąska, tasiemna ulica.
Kameralne koncerta grywać będzie Bach.
Stolica - ha, stolica.

Gdzież tu zasadzić wszystkie swoje kwiaty
Między Ziemiańską, Kruczą a belferką,
Zaczarowane uciekając lato
Zaklęło w przedmiot marzeń przelotną kasjerkę.

Cóżem Ci, o Warszawo, ty Wiedeński Dworcze,
Uczynił szarobury, żeś wskazał godzinę,
Gdy wszystkie moje myśli bujne i dozorcze
Spłynęły i samotną odkryły głębinę.

"Maj" się mój gdzieś w Kijowie między Oktostychy
Płonący wydał - zasię śmieszył w Picadorze.
Nowogrodzkiej ulicy rów sinawo-cichy
Czasami tylko w głębi daje żółte zorze.

Rozstąpcie się, o domy, rozjedźcie, tramwaje,
Przez trzeciomostu wiadukt przejrzysty i miodny.
Zejdź mi z oczu, widoku siwy i łagodny.
Dążącemu przez dziwnie pojmowane kraje.

Cóż wy mi poradzicie, na pomnikach wieszcze?
O dziewczynki, marzące o srebrnej epolet!
Za mną wrota, przede mną nieskończone wrota
Otworzą się na błękit, na siność, na fiolet!!...

Niech się raz przecie śmiga z pajęczyn odmota,
Niech palmy złotowonne, niech obudzi strusie,
Różowy żagiel wznieci na morza obrusie,
Precz mi wszystko, co męstwo tamuje i gnębi!

Precz, przyjaźni: ja w krwi chcę przepaścistą głąb
Izochimenów zamknąć tęczowe widoki!
O morza, morza, morza ziąb -
I czarna piano gorącej posoki!



Do przyjaciela wroga

Siedzimy dziś wspólnie przy stole,
Dzielimy się chlebem i winem,
I wielkich imiona mówimy
Głosem ściszonym, wzruszonym.

Schodzi pomiędzy nas pokój
Wielkiej i świętej wiary,
Jesteśmy ludźmi, przyjaciółmi,
Jesteśmy poetami.

Krąg złoty wina w kieliszku
Pogańskim się staje symbolem
I dzwoni szkło jak dzwony
Nad wielkim i żyznym polem.

Oczy mam pełne jeszcze
Jesiennej melancholii
I wiem - że moc i przyjaźń,
I wielkie słowo boli.

Patrzymy na siną mglistość,
Która w oddali zbiera,
I zimna rzeczywistość
Na ustach nam zamiera.

Myślimy, że przez winnice,
Wziąwszy się kręgiem za ręce,
Aż w nasze okolice
Pójdziemy przy piosence.

Ach, pieśni śpiewać możemy,
Możemy poetów czytać
I sercem ściśniętym zachód
Na szarej wodzie witać.

I liście splatać w wieńce,
I błądzić w wysokim lesie,
I chwytać wszystko w ręce,
Co młodość nam przyniesie.

Lecz jeśli kiedy staniemy
Naprzeciw siebie z orężem,
Pamiętaj, że będziemy
Ja mężem i ty mężem.

I że za nami staną
Wielkie legendy i króle,
I nasze wielkie narody,
I nasze wielkie bóle.

Śmiertelny potok życia
Uczucia nasze zamroczy
I spojrzą ku sobie bezwładnie
Nasze nie nasze oczy.

W zderzeniu piorunowym
Miłość się nasza ziści -
Pamiętaj - większa siła
Jest zawsze w nienawiści.



Włóczęga


Powiał od pól wiosennych wiatr mojej włóczęgi,
Wzywają mnie mej drogi ścieżki pogmatwane.
Samotności wieczystej tajemne potęgi
Mówią, że nie zbuduję, co nie zbudowane.
Pójdę przez odmłodzone po łąkach badyle,
Obłędnie wirująca, niebieska kometa,
Jak łowca, co w lwie sieci ułowi motyle,
Miast wielkiej tajemnicy posiadłszy - sekreta.



Witraże

Powiedział na witrażu, Tristan do Izoldy:
"Tańcują po posadzce wesołe koboldy,
I słońce, prześwietlając nasze blade twarze,
Połączy pocałunkiem miłosne witraże".
"Nawet słońce nie będzie całowań przyczyną,
Siatka jego jest tylko złotą pajęczyną.
Nie jest miłość prawdziwa, a namalowana".
Tak rzekła na witrażu Iseult do Tristana.



Plejady

Janowi Kreczmarowi

I
Plejady to gwiazdozbiór już październikowy.
Błyszczą jak winne grono wśród innych gwiazd roju,
W ich świetle las pożółkły niby rumak płowy,
Co polem do srebrnego biegnie wodopoju.

I zdaje się, że w cieniu popielatym sarny
Przebiegają przez ruczaj lub stojąc słuchają,
Jak srebrne lustro wody brzeg odbija czarny
I fletnie białych brzózek, gdzie liście śpiewają

I opadając krążą. A namiętność moja
Niby łania nad źródłem pochyla swą szyję
I tylko jej odbicie lodowego zdroja
Mówi, że chociaż wątła, ale jeszcze żyje.

II
Plejady to gwiazdozbiór już październikowy.
Po szafirowym niebie płynie jak baranki,
Ponad drzew skrytych nocą oniemiałe głowy,
Ponad brzóz skamieniałych pozłociste pianki.

Powracam do milczenia i słodyczy nieba,
Które płaszczem jesiennym pełnym gwiazd połyska.
Pełne stodoły złota, stoły pełne chleba
I skrzypi na zawiasach gwiaździsta kołyska.

Za chwilę i na ziemi wszędzie będzie biało.
Lekki chłód noc cienistą jak igłą przenika.
I sni mi się już tylko jakieś jasne ciało
Przykryte złotą tkanką planet października.

III
Plejady to gwiazdozbiór już październikowy.
Spokojnym tokiem płynąc losy twoje iści.
Powoli wyjdź przed bramę, nie odwracaj głowy,
I zerwij parę złotych, poranionych liści.

Proch ci zostaje w dłoni, rozwiewa się, ginie,
I słyszysz tylko ogród, co dyszy jak chory.
Złociste liście zginą i jesień ta zginie,
I złe - dobre nawet - miną gwiazdozbiory.

Więc po cóż nam - jak gwiazdom zagubionym w mroku -
Spalać się ogniem wiecznie, kiedy chłód nas czeka?
Po cóż świecą plejady i łzy w twoim oku,
Gdy je ogarnia czarna przemijania rzeka?

IV
Plejady to gwiazdozbiór już październikowy.
Październik to bezpieczna, zadumana pora.
Na czarnej ścianie nieba ślad karabinowy:
Blaski gwiazd pełne lęku i pełne wieczora.

A my tu biegu ziemi ani przemijania
Słowami nie wstrząśniemy. Stoimy bez siły.
Noc czarnym płaszczem swoim ścieżkę nam zasłania,

Odeszliście daleko. A ja choć zostałem,
Wydaję się zgubiony wśród ciemnych gwiazd mżenia.
I cóż nam pozostaje na okręgu całym?
Już nic: zgasłe słowa i nieme spojrzenia.

V
Plejady to gwiazdozbiór już październikowy.
Wypływa nad horyzont ciemno i okrutnie
I patrzy na schylone, zadumane głowy,
Na połamane brzozy i pobite lutnie.

Przechodzi i o świcie drży nad moim domem,
Posyła promień cichy, ale przenikliwy,
I głosem mówi do mnie, i takim znajomym,
Że może jest kto jeszcze na świecie szczęśliwy.

Szczęśliwy, kto kocha; szczęśliwy, kto wierzy;
Szczęśliwy... albo tylko tak jemu się zdaje...
Szczęśliwy, który łąką o świtaniu bieży
I na jesiennym niebie widzi gwiazdy maja.

1942



Nim przyjdzie wiosna

Nim przyjdzie wiosna,
nim miną mrozy,
w ciszy kolebce-
nade mną sosna
nade mną brzoza
witkami szepce.

Szepce i śpiewa
niby skrzypcowa
melodia cicha
melodia nowa
której nie słychać,
która dojrzewa.

Tak się zapadam
jak w śniegu puchy
w jesienne liście
i tylko duchem
słucham i badam
czy noc nadchodzi
czy świt się rodzi,
czy rzeczywiście??



Ptaszki św. Franciszka

Wisimy grzecznie w klatkach
wzdłuż ulicy św. Augustyna

Zachowujemy się pięknie, kos gwiżdże
a szczygły w ciasnych klateczkach
pokazują swoje kolory

z pobliskiego kościoła
przemawia do nas św. Franciszek

Bardzo lubimy kazania
świętego Franciszka

Mówi żebyśmy się kochali wzajemnie
nie wyrywali sobie piórek

nie podkładali sobie bomb pod gniazdka
żeby samice wysiadywały jajka

żebyśmy kochali swoje klatki
(posłuchaj jak kos pięknie gwiżdże)
i żebyśmy mówili mu: bracie Franciszku

jak ładnie:
bracie Franciszku

Tuesday, September 29, 2009

ADAM WAŻYK (1905-1982)


POEMAT DLA DOROSŁYCH

1.


Kiedy wskoczyłem przez pomyłkę do innego autobusu,
ludzie siedzieli jak zwykle, wracali z pracy.
Autobus pędził ulicą nieznaną,
ulico Świętokrzyska, nie jesteś już Świętokrzyską,
gdzie twoje antykwariaty, księgarnie i uczniacy?
Gdzie jesteście, umarli?
Pamięć po was ginie.

Wtedy autobus stanął
na rozkopanym placyku.
Stary grzbiet czteropiętrowej kamienicy
czekał na wyrok losu.

Wysiadłem na placyku
w robotniczej dzielnicy,
gdzie szare mury srebrzą się od wspomnień.
Ludzie śpieszyli się do domu.
Nie śmiałem ich zapytać, gdzie jestem.
Czy nie tutaj chodziłem w dzieciństwie do apteki?

Wróciłem do domu,
jak człowiek, który poszedł po lekarstwo
i wrócił po dwudziestu latach.
Żona spytała, gdzie byłeś.
Dzieci spytały, gdzie byłeś.
Milczałem spocony jak mysz.


2.

Place się wiją jak kobry,
domy się pysznią jak pawie,
dajcie mi stary kamyczek,
niech się odnajdę w Warszawie.

Stoję jak słupnik bezmyślny
na placu pod kandelabrem,
chwalę, podziwiam, przeklinam
na kobrę, na abrakadabrę.

Zapuszczam się jak bohater
pod patetyczne kolumny,
co mi tam kukły Galluxa
wymalowane do trumny!

Tu młodzi chodzą na lody!
Ach, wszyscy tu bardzo młodzi,
pamięcią sięgają ruin,
dziewczyna wkrótce urodzi.

Co wrosło w kamień, zostanie:
patos pod rękę z tandetą,
tu będziesz uczył się liter,
przyszły warszawski poeto.

Kochaj to zwykłą koleją,
inne kochałem kamienie,
szare i wzniosłe prawdziwie,
w których dzwoniło wspomnienie.

Place się wiją jak kobry,
domy się pysznią jak pawie,
dajcie mi stary kamyczek,
niech się odnajdę w Warszawie.


3.

    Dziś nasze niebo nie jest puste
    Z przemówienia politycznego

Był świt, słyszałem świst odrzutowców,
kosztowny bardzo, a jednak musimy...
Kiedy nie chcemy mówić wprost o ziemi,
wtedy mówimy: niebo nie jest puste.

Ludzie tu chodzą byle jak, w drelichach,
szybko się u nas kobiety starzeją...
Kiedy nie chcemy mówić wprost o ziemi,
wtedy mówimy: niebo nie jest puste.

Za oceanem w obłokach się kłębi
apokalipsa, tu przechodzień klęka...
Kiedy nie chcemy mówić wprost o ziemi,
klęczący mówi: niebo nie jest puste.

Tu legion chłopców wypuszcza gołębie,
dziewczyna wiąże błękitną chustę...
Kiedy nie chcemy mówić wprost o ziemi,
wtedy mówimy: niebo nie jest puste.


4.

Ze wsi, z miasteczek wagonami jadą
zbudować hutę, wyczarować miasto,
wykopać z ziemi nowe Eldorado,
armią pionierską, zbieraną hałastrą
tłoczą się w szopach, barakach, hotelach,
człapią i gwiżdżą w błotnistych ulicach:
wielka migracja, skudlona ambicja,
na szyi sznurek – krzyżyk z Częstochowy,
trzy piętra wyzwisk, jasieczek puchowy,
maciora wódki i ambit na dziewki,
dusza nieufna, spod miedzy wyrwana,
wpół rozbudzona i wpół obłąkana,
milcząca w słowach, śpiewająca śpiewki,
wypchnięta nagle z mroków średniowiecza
masa wędrowna, Polska nieczłowiecza
wyjąca z nudy w grudniowe wieczory...
W koszach od śmieci na zwieszonym sznurze
chłopcy latają kotami po murze,
żeńskie hotele, te świeckie klasztory,
trzeszczą od tarła, a potem grafinie
miotu pozbędą się – Wisła tu płynie.

Wielka migracja przemysł budująca,
nie znana Polsce, ale znana dziejom,
karmiona pustką wielkich słów, żyjąca
dziko, z dnia na dzień i wbrew kaznodziejom –
w węglowym czadzie, w powolnej męczarni,
z niej się wytapia robotnicza klasa.
Dużo odpadków. A na razie kasza.


5.

I tak się zdarza: brunatną kolumną
dym się wydziera z podpalonej sztolni,
chodnik odcięty, o podziemnej męce
nikt nie opowie, czarny chodnik trumną,
sabotażysta ma krew, kości, ręce,
sto rodzin płacze, płacze dwieście rodzin,
piszą w gazetach lub wcale nie piszą
i tylko dymy tam stargane wiszą.


6.

Na stacji kolejowej
panna Jadzia w bufecie
taka ładna, kiedy poziewa,
taka ładna, kiedy nalewa...
UWAGA! WRÓG PODSUWA CI WÓDKĘ!
Tu na pewno będziesz otruty,
panna Jadzia ściągnie ci buty,
taka ładna, kiedy poziewa,
taka ładna, kiedy nalewa...
UWAGA! WRÓG PODSUWA CI WÓDKĘ!
Nie jedź, chłopcze, do Nowej Huty.
bo po drodze będziesz otruty,
niech ustrzeże cię plakat wężowy
i w żołądku dorsz narodowy:
UWAGA! WRÓG PODSUWA CI WÓDKĘ!


7.

Nie uwierzę, mój drogi, że lew jest jagnięciem,
Nie uwierzę, mój drogi, że jagnię jest lwem!
Nie uwierzę, mój drogi, w magiczne zaklęcie,
nie uwierzę w rozumy trzymane pod szkłem,
ale wierzę, że stół ma tylko cztery nogi,
ale wierzę, że piąta noga to chimera,
a kiedy się chimery zlatują, mój drogi,
wtedy człowiek powoli na serce umiera.


8.

To prawda,
kiedy miedziaki nudziarstwa
zagłuszają wielki cel wychowawczy,
kiedy sępy abstrakcji wyjadają nam mózgi,
kiedy zamyka się uczniów w podręcznikach bez okien,
kiedy redukuje się język do trzydziestu zaklęć,
kiedy gaśnie lampa wyobraźni,
kiedy dobrzy ludzie z księżyca
odmawiają nam prawa do gustu,
to prawda,
wtedy nam grozi tępota.


9.

Wyłowiono z Wisły topielca.
Znaleziono kartkę w kieszeni.
"Mój rękaw jest słuszny,
mój guzik niesłuszny,
mój kołnierz niesłuszny,
ale patka słuszna."
Pochowano go pod wierzbą.


10.

Na świeżo tynkowanej ulicy nowych bloków
pyłek wapienny krąży, po niebie pędzi obłok.
Walce toczone po jezdni dogniatają nawierzchni,
przeflancowane kasztany zielenią się, szumią o zmierzchu.
Pod kasztanami dzieci większe i mniejsze biegną,
z półrozebranych rusztowań ciągną do kuchni drewno.

Na schodach huczy od imion żeńskich, zdrobniałych, śpiewnych,
piętnastoletnie kurewki schodzą po deskach do piwnic,
uśmiech mają jak z wapna, mają wapienny zapach,
w sąsiedztwie radio po ciemku zagrywa do tańca w zaświatach,
nadchodzi noc, chuligani bawią się w chuliganów.
Jak trudno usnąć w dzieciństwie pośród szumiących kasztanów.

Odpłyńcie w mrok, dysonanse! Chciałem się cieszyć nowością,
chciałem wam mówić o młodej ulicy, ale nie o tej!
Czy zabrakło mi daru widzenia, czy daru wygodnej ślepoty?
Została mi krótka notatka, wiersze nowej zgryzoty.


11.

Spekulanci zaciągnęli do cichego piekła
w ustronnej willi za miastem – uciekła.
Zabłąkała się w nocy pijana,
na betonie przeleżała do rana.

Wyrzucono ją ze szkoły artystycznej
za brak moralności socjalistycznej.

Truła się raz – odratowano.
Truła się drugi raz – pochowano.
Wszystko tu stare. Stare są hycle
od moralności socjalistycznej.


12.

Marzyciel Fourier uroczo zapowiadał,
że w morzach będzie pływać lemoniada.
A czyż nie płynie?

Piją wodę morską,
wołają –
lemoniada!
Wracają do domu cichaczem
rzygać!
rzygać!


13.

Przybiegli, wołali:
komunista nie umiera.
Nie zdarzyło się jeszcze, aby człowiek nie umarł.
Tylko pamięć zostaje.
Im więcej wart człowiek,
tym większy po nim ból.

Przybiegli, wołali:
w socjalizmie
skaleczony palec nie boli.

Skaleczyli sobie palec.
Poczuli.
Zwątpili.


14.

Pomstowali na rutyniarzy.
Pouczali rutyniarzy.
Oświecali rutyniarzy.
Zawstydzali rutyniarzy.
Przywoływali na pomoc literaturę,
pięcioletnią smarkulę,
którą trzeba wychowywać,
która powinna wychowywać.
- Czy rutyniarz jest wrogiem?
Rutyniarz nie jest wrogiem,
rutyniarza trzeba pouczać,
rutyniarza trzeba oświecać,
rutyniarza trzeba zawstydzać,
rutyniarza trzeba przekonać.
Trzeba wychowywać.

Zmienili ludzi w mamki.

Słyszałem mądry referat:
",Bez odpowiednio rozłożonych
bodźców ekonomicznych
nie osiągniemy postępu technicznego".
Oto słowa marksisty.
Oto znajomość praw rzeczywistych,
koniec utopii.

Nie będzie powieści o rutyniarzach,
ale będą powieści o kłopotach wynalazcy,
o niepokojach, które wszystkich wzruszają.
Oto goły wiersz,
zanim obrośnie
w troski, kolory, zapachy tej ziemi.


15.

Są ludzie spracowani,
są ludzie z Nowej Huty,
którzy nigdy nie byli w teatrze,
są polskie jabłka niedostępne dla dzieci,
są dzieci wzgardzone przez występnych lekarzy,
są chłopcy zmuszani do kłamstwa,
są dziewczyny zmuszane do kłamstwa,
są stare żony wyrzucane z mieszkań przez mężów,
są przemęczeni, konający na zawał serca,
są ludzie oczerniani, opluci,
są odzierani na ulicach
przez zwykłych opryszków, dla których się szuka definicji prawnej,

są ludzie czekający na papierek,
są czekający na sprawiedliwość,
są ludzie, którzy długo czekają.

Upominamy się na ziemi
o ludzi spracowanych,
o klucze do drzwi pasujące,
o izby z oknami,
o ściany bez grzybów,
o nienawiść do papierków,
o drogi święty czas ludzki,
o bezpieczny powrót do domu,
o proste odróżnianie słowa od czynu.

Upominamy się na ziemi,
o którą nie graliśmy w kości,
o którą milion padł w bitwach,
o jasne prawdy, o zboże wolności,
o rozum płomienny
o rozum płomienny,
upominamy się codziennie,
upominamy się Partią.